Opinión

ROLAND J. BEHAR: A la vietnamita

 

O se cree en Dios o no, o se respetan todos los derechos del otro o no

La dictadura militar cubana ha utilizado siempre el racionamiento para controlar o premiar a sus súbditos. Durante el flujo de miles de millones de subsidio soviético, se mantenía la libreta de racionamiento, incluso hasta hace muy poco, así como la práctica del otorgamiento del derecho a la compra de electrodomésticos de acuerdo a la “actitud revolucionaria” del individuo.

La dictadura reprimió desde siempre el derecho del individuo a tener relaciones amistosas o sexuales con las personas de su preferencia y dependiendo del caso, condenaba o aplaudía las mismas. Una militante revolucionaria no podía relacionarse con un preso o ex preso político aunque éste fuera el amor de su vida o un amigo de su infancia; un revolucionario no podía ser homosexual; una verdadera militante no podía ser promiscua; un militante, sí.

Ahora y bajo la tutela y dirección de Mariela Castro, se aboga por la libertad de los homosexuales cubanos a tener relaciones permitidas por el gobierno siempre que sean revolucionarios. O sea, para los históricamente homofóbicos comandantes “se puede ser loca pero no gusana”. Como siempre, la libertad racionada.

Sin duda, es bueno que ya no exista la libreta de racionamiento y, por supuesto, también que las personas tengan el derecho de relacionarse sexualmente de la manera que prefieran y con quien decidan hacerlo. El asunto es el “racionamiento” a todo lo demás, pues las posibilidades y derechos de la mayor parte de los cubanos, hasta hoy siguen racionados.

En agosto de 1990 se reunieron en Madrid bajo la Plataforma Democrática Cubana tres agrupaciones políticas cubanas, afiliadas a las internacionales más respetadas del planeta. La Democracia Cristiana, representada entonces por el distinguido abogado y escritor José Ignacio Rasco; la Coordinadora Social Demócrata liderada por el erudito profesor Enrique Baloyra, y los Liberales, encabezados por el brillante pensador político y ensayista Carlos Alberto Montaner.

Hoy, casi 22 años después, toda la oposición cubana coincide básicamente en los planteamientos expuestos allí, así como las trayectorias sugeridas en cuanto a la necesidad de una transición pacífica pactada, basada en el respeto de los derechos humanos y civiles de todos los cubanos con el objetivo de lograr sin violencia un estado de derecho. La no violencia de la oposición ha triunfado en el alma de los cubanos a pesar de la violencia inculcada por el régimen como método de lucha en las mil incursiones terroristas y bélicas en la que les han envuelto a lo largo de estos 53 años.

Hoy la oposición se bifurca en dos tendencias: la de un cambio total de régimen para conseguir el estado de derecho y la de los que aceptan los derechos racionados dados por una serie de cambios controlados, ordenados y orquestados por la tiranía con el apoyo de algunos ilustres, o no tan ilustres compañeros de viaje, manteniendo, por supuesto, a los victimarios de siempre, sus herederos y acólitos en el poder.

Para muestra un botón. Mientras la delfina Mariela se pasea por USA, protesta en San Francisco y Washington contra lo que supuestamente hacen nuestros congresistas cubanoamericanos contra los derechos de los norteamericanos al no permitirles viajar y comerciar con Cuba. El gobierno de su padre regula totalmente la entrada y salida de los cubanos y además arresta a 50 personas durante el periplo por abogar por el respeto a los derechos humanos en la isla.

O se cree en Dios o no, o se respetan todos los derechos del otro o no, o se trata de conseguir la prosperidad y el triunfo del colectivo sacrificando la del individuo (fracaso total demostrado), o se antepone el éxito la felicidad y la libertad del individuo para conseguir como consecuencia el éxito y la felicidad de la sociedad.

Los que abogamos por un cambio de régimen en Cuba, lo hacemos basados en la experiencia vivida en Europa del Este. En la República Checa, se proscribió de cualquier posición de gobierno a los funcionarios del antiguo régimen y lograron un verdadero régimen democrático. En Rusia y Bielorrusia ocurrió todo lo contrario. En el caso de Hungría, fue vasta la presencia en el poder de los antiguos funcionarios comunistas, disfrazados de social demócratas y demócrata cristianos, por resultado en las recientes elecciones, los húngaros han elegido un partido con fuertes relaciones con la extrema derecha neonazi. En Cuba, por lo que abogan tanto la cúpula militar así como sus aliados internos y externos es hacer un cambio a la vietnamita, Corea del Norte o China, manteniendo el poder y así lucrar explotando a sus obreros como se hace hoy en dichos países.

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El Nuevo Herald

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