Katherine Hickey, apenas de 15 años, se levanta todos los días a las 5 de la mañana, toma un tren y dos autobuses para llegar a su escuela. A veces se queda dormida en el largo trayecto pero siempre se despierta y sonríe cuando el autobús cruza el puente de Key Biscayne y se acerca a MAST, uno de los colegios públicos más prestigiosos de la Florida que recientemente apareció en el sexto lugar en la lista de las mejores escuelas de la nación.
Ser admitido en MAST no es fácil. Los 560 estudiantes del colegio emplazado entre Key Biscayne y Miami no sólo deben presentar unas calificaciones excelentes y escribir un par de buenas composiciones, sino que también necesitan mucha suerte para que sean admitidos en el colegio.
Corría el último día de este curso escolar cuando Katherine y sus 560 compañeros de MAST se enteraron que la escuela está a punto de vivir un cambio radical que ha puesto a estudiantes, profesores y padres al borde de un ataque de nervios.
El cambio radica en que la Junta Escolar de Miami-Dade quiere llegar a un acuerdo con la ciudad de Key Biscayne para ampliar MAST, ahora sólo high school, y construir una escuela intermedia para estudiantes de sexto a octavo grado. El resultado es que MAST pasaría a tener unos 1,100 estudiantes. La ciudad de Key Biscayne aportaría la mitad del costo de la ampliación, unos $9 millones. A cambio los estudiantes de Key Biscayne que cumplan con los requisitos académicos de MAST serían admitidos automáticamente sin pasar por la lotería. En otras palabras, todos los estudiantes de Key Biscayne habrían ganado la lotería porque sus padres compraron todos los tickets.
La voz de una estudiante
Katherine, la estudiante madrugadora, estuvo presente en la reunión de los miembros de la junta escolar y con pocas palabras puso el dedo en la llaga: les dijo que no le parece justo que admitan a todos los estudiantes de Key Biscayne simplemente porque sus padres pueden poner sobre la mesa $9 millones. Se trata, vino a decir Katherine, de permitir que los más ricos invadan y ocupen uno de los pocos colegios públicos que ofrecen resultados tan excelente como el mejor de los centros de enseñanza privada.
Para suavizar las críticas, el superintendente Alberto Carvalho propuso ampliar en un 25 por ciento el cupo de estudiantes de bajos ingresos de otras áreas del condado que podrían estudiar en MAST.
La invasión de los ricos
La tan temida invasión de los ricos tiene otras lecturas. En Key Biscayne no hay una escuela secundaria y la escuela pública que cubre el área, Coral Gables High, está lejos, en la calle 40 y LeJeune. Además, la escuela primaria de Key Biscayne está tan abarrotada que hay estudiantes hasta en los armarios que antes guardaban escobas y cubos de limpieza.
Para Raquel Regalado, que representa el distrito escolar que incluye Key Biscayne, la construcción de una nueva escuela es una necesidad inevitable pero el problema es que el sistema escolar no tiene dinero para pagarlo. El plan quinquenal de las escuelas públicas tiene una lista de proyectos de reparación y construcción que costarían unos $700 millones, un dinero que ahora es imposible reunir. El estado de la Florida ha recortado en más de mil millones el presupuesto de educación y ha cancelado el presupuesto de construcciones y reparaciones.

























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