El terrible atropello comenzó cuando, uno a uno, los jóvenes hijos de inmigrantes que habían llegado a Estados Unidos cuando eran pequeños, por elección de sus padres, comenzaron a darse cuenta de que no podían estudiar en Estados Unidos (la tierra que los vio crecer). Digo atropello porque el mismo venía del gobierno estadounidense, ya que no se le puede llamar de otra manera al hecho de obstaculizar la esperanza de niños que se criaron en un país, sin conocer otro, diciéndoles que no pueden ir a la universidad o trabajar. Entonces vinieron las quejas, y la falta de ley al respecto. Fue así como algunos legisladores pensaron en el Dream Act, que ha causado el segundo debate más importante entre demócratas y republicanos. Después de una reforma migratoria, que ambos partidos en su momento se han negado a apoyar.
En el último año el Partido Demócrata, junto a algunos legisladores republicanos, sin éxito trataron de pasar el Dream Act (que permitiría que los jóvenes graduados de secundaria, siendo indocumentados, estudiaran en Estados Unidos). Luego, recientemente apareció una nueva contrapropuesta del senador Marco Rubio, que permitiría una versión similar pero modificada al antojo republicano con menos beneficios pero que cumpliría la necesidad de ese partido de ganar el voto hispano después de haber atropellado con comentarios y políticas hostiles a nuestra etnia (¿recuerdan lo que ha dicho el gobernador Mitt Romney de los inmigrantes ilegales para satisfacer al Tea Party?). La típica guerra de poder de ambos partidos que ha caracterizado al Congreso de los últimos años, sin importarle a expensas de quién sea la guerra, mientras no sea a expensas de sus bolsillos.
El presidente Barack Obama ha emitido una orden ejecutiva haciendo efectivo inmediatamente que más de 800,000 jóvenes ilegales entre los 16 y los 30 años de edad, que se hayan graduado de una secundaria estadounidense y que lleven más de cinco años en el país, obtengan permiso de trabajo y no sean deportados. Esta es probablemente la medida más significativa en temas de inmigración tomada desde la amnistía migratoria promulgada por Ronald Reagan en 1986.
El talento y la capacidad de miles de jóvenes criados en Estados Unidos, que son más estadounidenses que muchos de los inmigrantes que llegan a este país buscando fortuna, merecen la oportunidad de aportar al país en el que crecieron. El único país que conocen. Esta es una nación de inmigrantes. Siempre lo ha sido.



























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