Primero que nada el segundo juego de la Final de la NBA fue otro espectáculo de buen básquetbol entre los dos mejores equipos del mundo, una batalla dura con mucha nobleza, sin faltas escandalosas, sin malas caras y eso se agradece.
Resultó un partido hermoso entre dos quintetos muy parejos, que dominan los fundamentos de este hermoso deporte, el juego limpio, de hombres, donde nadie se queja, donde nadie llora. Da gusto verlos jugar, la pena es que posiblemente jugarán siete.
El Heat, con cierto sentido de urgencia, después de caer en el primer encuentro, salió golpeando muy fuerte, tomando una ventaja de escándalo (18-2), gracias a la cual igualó 1-1 la serie.
LeBron James volvió a estar sublime con 32 puntos, aunque esta vez sí tuvo la ayuda que demandaba de Dwyane Wade (24) y Chris Bosh, que fue mucho mejor saliendo como titular, con un doble-doble (16 y 15 rebotes). Además de volver a tener la colaboración de Shane Battier (17) y del resto del equipo (11).
“Chris fue clave. Nos alegró verlo con esa actitud agresiva”, dijo Wade. “Nos alegra que vuelve a tener sus minutos regulares, va ser muy importante para nosotros el resto del camino”.
Pero si por algo destacó el Heat en el segundo enfrentamiento fue por su asfixiante defensa, que anuló casi por completo al poderoso ataque de su rival de turno en la primera mitad, aunque después le costó pararlos.
Viéndolo bien, esta serie se parece a esos típicos enfrenamientos entre un hermano mayor contra el menor. Dos conjuntos con la misma sangre y el mismo orgullo, pero de diferente edad.
Y si en el primer choque venció el de mayor empuje, en el segundo se impuso el de mayor experiencia.
“Bueno, esa es la competencia, esto va a ser probablemente así todos los partidos, y esa es la belleza de la rivalidad a este nivel”, comentó el coach, Erik Spoelstra. “Hemos sido capaces de jugar un poco más a nuestra forma”.
Para dar más emoción a la serie, se han citado los dos mejores jugadores de la NBA y de momento el duelo marcha bastante parejo.
Con respecto a Oklahoma, hay que reconocer que no por gusto llegó a la final, que tiene un equipo tan bueno como el Heat. El Thunder parece un corredor de resistencia, que se mantiene en el pelotón hasta dar el zarpazo final.
Tiene a un Kevin Durant letal, con la suficiente sangre fría para disparar de cualquier distancia y hacer daño. En el segundo choque volvió a marcar más de 30 puntos con dos triples al final del juego que metió el miedo en el cuerpo al Heat.
“KD es un talento increíble, sólo traté de mantenerme pegado a él, y se me escapó un par de veces”, dijo James. “En la última jugada, en la que se pusieron a dos de diferencia, me imaginé que la bola iba para él. Se levantó un pequeño y precisamente ahí lo perdí”.
También tienen a un Russel Westbrook que es una bomba. El jueves volvió a estar explosivo, sobre todo en la segunda parte con 27 unidades, ocho rebotes y siete asistencias.
Aunque el primero que metió a Oklahoma en el juego fue James Harden, quien después de pasar desapercibido en el juego inicial, anotó puntos importantes en el segundo y terminó con 21 cartones. Además, se ocupó de marcar el James.
El Heat cumplió con su meta de regresar a Miami con la serie empatada, si gana en la Arena American Airlines los tres juegos será campeón, pero eso será muy difícil.
Lo más probable es que la Final de la NBAe se defina en Oklahoma, donde se jugarán, de ser necesario, los últimos dos choques y la moneda caerá de un lado o de otro.
Por el momento está en el aire.



























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