Permítanme ser la voz de la conciencia, en lo que se pueda. Desde ahora les advierto que el Heat no va a barrer al Thunder en los tres juegos que a partir de este domingo tendrán lugar en la Arena AmericanAirlines. Que nadie se deje llevar por la impresión última del primer triunfo de Miami en la Final de la NBA. Esto va para largo, quizá hasta un séptimo encuentro.
Cierto. El Heat recuperó su identidad: defensa total y a partir de ahí generar ofensiva. La marca escalonada dispuesta por el coach Erik Spoelstra obró su efecto en los jóvenes del Thunder. Por esta vez las rotaciones funcionaron mejor, el uno contra uno encontró mejor eco y, a duras penas, se contuvo un rally feroz de los locales en los minutos finales. Repito, a duras penas.
Por otra parte, Chris Bosh demostró que, cuando quiere, puede dominar debajo de los tableros como el mejor centro que exista en este momento. Su aporte no sólo se debe apreciar en el aspecto numérico, y eso que sus 16 puntos y sus 15 rebotes le supieron a gloria a Spoelstra, quien lo colocó de titular y al menos encontró respuesta a uno de sus interrogantes.
De cierta manera, esta es lo más cercano a la visión que tenía Pat Riley cuando se lanzó dos veranos atrás a la caza de algunos de los mejores agentes libres en el mercado. Su fórmula ganadora podría traducirse así: una gran cantidad de LeBron James y Dwyane Wade con sus ataques al aro, otra dosis alta de Bosh como complemento del trío, cucharadas de Shane Battier y Mike Miller apoyados en sus tiros a distancia, y gotas salpicadas de Mario Chalmers y Udonis Haslem. Todo esto mezclado en una sustancia defensiva en forma de coctel letal.
Pero esta visión tiene que repetirse al menos tres veces más para que Miami pueda vivir la realidad de otro campeonato.
Si bien el triunfo en el segundo juego de la Final devolvió el ánimo y la confianza, no se puede soslayar el hecho de que Oklahoma City estuvo muy cerca de propinar otro varapalo demoledor y que sus principales hombres se hicieron daño a sí mismos al ponerse en una situación comprometida en el tema de las faltas. Hoy Kevin Durant y Russell Westbrook deben estar arrepentidos por su juego poco inteligente.
Lo más seguro es que el coach del Thunder, Scott Brooks, haya revisado el video de lo sucedido una y otra vez, y que las dos principales estrellas de Oklahoma City no vuelvan a repetir sus errores infantiles. James lo dijo bien claro al final de la victoria: este equipo [en alusión al rival] es demasiado bueno y nos exigirá el máximo en casa. No podemos perder ni un minuto de concentración.
No me malinterpreten. Creo que si Miami aplica la misma receta del segundo choque durante el resto de la Final, tendrá una buena oportunidad de levantar su segundo trofeo de campeón, pero lo peor que podría pasar sería una subestimación de su oponente. La serie será larga y volverá Oklahoma. Aquí no hay atajos.




























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