A la par que el Miami Art Museum (MAM) ofrece una gran retrospectiva de los últimos 30 años de carrera de la obra del internacionalmente aclamado artista cubano residente en Miami, José Bedia; la galería local Fredric Snitzer, nos propone Une Saison en Enfer (Una temporada en el infierno), polémica muestra que anuncia nuevos horizontes dentro del sólido entramado de la propuesta de Bedia, siempre interesada en indagaciones de raíz antropológica.
José Bedia (La Habana, 1959) es uno de los miembros del denominado movimiento de Nuevo Arte Cubano que irrumpió en La Habana en los años 80 revolucionando el ámbito de la creación a través de un lenguaje que se desembarazaba de los estereotipos del realismo socialista que habían predominado en la década precedente, al tiempo que buscaban un diálogo mucho más horizontal con la realidad inmediata en la que se insertaban estas propuestas, cuestionando estereotipos sociales, culturales y políticos de la sociedad cubana del momento.
Si bien Transcultural Pilgrim (MAM) hace hincapié en el influjo que las culturas indígenas han jugado en la obra de este artista y donde el componente espiritual -esa suerte ánima omnipresente que salvaguarda al individuo en la culturas primitivas- es crucial, Une Saison en Enfer asoma como el reverso de la moneda.
El comienzo de esta inquietante serie se localiza en República Dominicana, país que Bedia visita regularmente y donde recientemente exhibió Historias de un país gentil (galería Lyle O´Reitzel, Santo Domingo). En ella, cuadros poblados de “diablas” y “tigeres” (prostitutas y chulos), Bentleys y mendigos, nos llevan de la mano por un universo sórdido y siniestro, donde valores esenciales como el amor, la conmiseración y la dignidad son inexistentes.
Une Saison en Enfer, representa una maduración de esta pesquisa en la pérdida de asideros espirituales en la sociedad contemporánea y la perversión de la religión, la moral y las relaciones interpersonales -de la cual son epítome el sexo y la relación de pareja, entre otras.
Al atravesar el umbral de la galería, el público es recibido por un típico paisaje de South Beach donde tres siluetas negras con cuernos y ojos encandilados posan frente a nosotros y nos convidan.
En la parte superior del cuadro y alineada con la línea del horizonte, una avioneta surca el cielo mientras escribe con humo negro una suerte de profecía fatídica: Lo mejor está por pasar.
La conjunción de la palabra escrita y la imagen en la obra de Bedia es fundamental. Heredera de las culturas primitivas donde la sentencia procura la transmisión y salvaguarda de valores esenciales, la palabra es una suerte de cordón umbilical que nos protege. En Lo mejor está por pasar, Bedia asume el lenguaje de la publicidad que nos invade a diario y obnubila suplantando el carácter moral de la palabra, pervirtiéndolo.
Ya dentro de la galería, dos cuadros asoman como claves fundamentales para el desentrañamiento de la muestra. Me refiero a Blessing in the Miami River y Adultery. Ambos lienzos, monocromos, beben de la atmósfera oscura y abstraccionista de la pintura simbolista francesa decimonónica. Desde el punto de vista formal, existe también un importante paralelo: asistimos al retrato de una sociedad decadentista. El hecho de que Bedia haya titulado la muestra a partir del conocido poemario de Arthur Rimbaud, Une saison en enfer, ratifica esta idea.




























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