Cuando en 1975 comenté la posibilidad de mudarme a Miami durante un congreso de escritores y académicos hispanoamericanos en Filadelfia, que discutían el tema del surrealismo, la reacción fue de horror y de aviso. Algo verdaderamente surrealista.
Miami no sólo tenía fama de ser un desierto de la cultura, sino que aquí vivían los exiliados cubanos, despreciados por todos estos líderes del saber por la propaganda aviesa del gobierno de Cuba. “Jamás podrás publicar nada”, me dijeron. “Nadie te prestará atención. Serás paria en la tierra de nadie”.
Ahora pienso en ellos con cierta ironía, porque por esos avisos demoré en decidir esa mudada a Miami. Al fin lo hice en 1981, y desde entonces he visto cómo casi todos ellos han cambiado su opinión. Empezaron a venir a la Feria Internacional del Libro, fundada por el Miami Dade College y otros socios de la ciudad en 1984, y al Festival Internacional de Cine de Miami, creado por la Sociedad Fílmica de Miami, también en 1984.
Todo esto viene a cuento por la visita reciente a Estados Unidos de Mariela Castro, la hija de Raúl Castro, que provocó una alteración general, porque llamó “mafia” a los cubanos de Miami, una palabra cliché del código verbal del gobierno de su padre y su tío.
Pero vaticino que pronto los que están contra el gobierno en Cuba, decidirán llamarse “mafiosos”, lo mismo que antes se llamaron “gusanos”, para hacer causa común con los exiliados. El término pasará a significar orgullo y no desprecio. Vida exitosa y no criminal.
Las respuestas de los exiliados a la Castro se han concentrado en el triunfo económico y social, pero han olvidado algo más perdurable: el desarrollo de la cultura cubana en esta ciudad. La despreciada Miami se ha ido convirtiendo en el centro cultural que ha barrido con los prejuicios intelectuales.
En una conferencia el año pasado para la Asociación Nacional de Educadores Cubano Americanos, NACAE, conté más de 20 organizaciones culturales cubanas en Miami, que se reúnen al menos una vez al mes. Hay además compañías teatrales, como Pro Arte Grateli, la más antigua, y muchas nuevas, al punto de que siempre hay una obra cubana en cartelera. Se establecieron muy pronto compañías de ballet, como Ballet Etudes y Ballet Concerto, y muchos bailarines cubanos y cubanos americanos se destacan en otras compañías como la del Miami City Ballet. Desde el año 80 esta ciudad ha visto una explosión de las artes plásticas cubanas. Y no se deben descontar las artes escénicas populares, en clubes, escenarios, radio y televisión.
Muchos de nuestros valores se han inscrito en la cultura artística internacional, como Emilio y Gloria Estefan, Celia Cruz y Olga Guillot, René Touzet, Paquito D’Rivera y Arturo Sandoval, en la música, y ahora las más jóvenes, como Eglise Gutiérrez y Elizabeth Caballero. En literatura aparecen autores en inglés, como Cristina García, o en español, como Daína Chaviano, traducidas a múltiples idiomas. Andy García y Steven Bower triunfaron en Hollywood. Autores de teatro, como Nilo Cruz, merecedor del Pulitzer, periodistas de televisión, radio y prensa, maestros y profesores, todos han contribuido a crear este fenómeno sociocultural que es Miami.
Si mafia ha sido un nombre que hasta ahora ha definido la clandestinidad y el crimen, en Miami cambia de signo, porque aquí representa, además del éxito económico, el saber y la creación en libertad. •


























Mi Yahoo