En el negocio de la lucha contra los mosquitos, la primera media de cómo van las cosas se llama el conteo de la tasa de aterrizaje.
También podría llamarse la prueba de las cachetadas, porque conlleva estar de pie en un lugar durante un minuto y contar las picadas como esto: una. ¡Cachetada!. Etcétera.
Al juzgar por las tasas de cachetadas durante el mes pasado, el Sur de la Florida podría enfrentar otra temporada miserable. Un comienzo temprano de la temporada de lluvias, ha provocado el aumento de una inusual explosión temprana de las hordas zumbantes y también los pedidos de ayuda de los atribulados residentes.
Este año ha habido una amplia e intensiva fumigación desde mayo, dijo Chalmer Vásquez, director de operaciones de control de mosquitos para el Condado Miami-Dade. Ni siquiera recordaba que el año pasado comenzamos a fumigar en mayo.
Un clima más frío durante las últimas pocas semanas ha ayudado, pero cuando vengan de nuevo las fuertes lluvias, las agencias de lucha contra los mosquitos a lo largo del Sur de la Florida están preocupadas sobre el aumento de los riesgos de salud provenientes de algunas especies, incluyendo la fiebre del dengue, el virus del Nilo Occidental y la malaria. No se han informado este año de casos de esto en el Sur de la Florida pero la temporada de los mosquitos no llega a su punto álgido sino hasta algún momento en julio.
Los condados combaten a los mosquitos con sustancias químicas que involucran sus propios riesgos, en particular al medio ambiente. Los insecticidas se rocían desde camiones y aviones cuyas marcas más comunes incluyen B-Mist 30+30 y Dibrom y contienen típicamente un amplio espectro de pesticidas como el naled o la permetrina.
Ellos pueden irritar los ojos o la piel de las personas expuestas a bajas concentraciones en nebulizaciones, pero son potencialmente tóxicos para la vida marina y acuática. Estudios han mostrado que pueden tener un efecto dominó en la red de alimentos marinos, al matar a los peces y las larvas de las conchas, pero también afectan a insectos deseables como mariposas en estado de extinción que viven en bosques costeros.
Esos impactos residuales hacen muy desafiante el controlar a los mosquitos en el Sur de la Florida. La cadena de islas de los Cayos de la Florida está rodeada por manglares, frágiles arrecifes de coral y camas de praderas marinas en aguas protegidas federalmente. Miami-Dade está rodeado por el Parque Nacional de los Everglades y el Nacional de Biscayne, y ambos prohíben la fumigación aérea y en camiones, al igual que muchos parques estatales.
Es un balance que necesitamos caminar para la protección ambiental y proteger a las personas de los mosquitos, dijo Michael Doyle, director del Distrito de Control de Mosquitos de los Cayos de la Florida.
Debido a las restricciones de que las sustancias químicas se rocíen cerca del agua, por ejemplo, el programa de control de los Cayos emplea mucho larvicida una bacteria que se enfoca de forma selectiva en el desarrollo de la prole del chupador de sangre más común de la región, el mosquito de la marea de la sal negra.





























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