Con relación al artículo La religión de las monjas, de Ileana Fuentes [Perspectiva, 16 de junio], permítame aclarar algunos puntos:
Primero, en materia de religión cristiana la que tiene la primera y última palabra es la Biblia. Pese a las diferentes aplicaciones que les dan algunas personas –descartando las sectas con sus herejías– la Doctrina acerca de la naturaleza de Dios es clara. El no es ni hombre ni mujer, pero toma el género masculino para identificarse ya que en la estructura que El estableció puso al hombre de responsable ante El de la creación. Nunca se lee en Su palabra que El es una madre. ¿Qué dice el Padre Nuestro? Respondiendo a la solicitud de sus discípulos de que les enseñara a orar, Jesús les dice: “Cuando oréis, decid: Padre nuestro…”
En el Léxico-Concordancia del Nuevo Testamento en griego y español aparece el vocablo pater 424 veces, y de ellas Cristo la usó en 270 ocasiones para referirse a Dios como Su Padre.
En cuanto a las posturas liberales –que el Señor llama pecados, aberraciones, contra natura, etc.– la postura de la Iglesia Católica es de acuerdo al contenido y la intención de Dios.
La Biblia no es misógina, ni el apóstol San Pablo tampoco. ¿Quién ha hecho más por el respeto a la mujer al condenar el adulterio y la fornicación? En la fornicación no hay responsabilidad hacia la mujer, sino que es objeto de placer, explotación y de engaño, con el cuento de que “nos vamos a casar luego”. ¿No le preguntó Cristo a la mujer adúltera: dónde están los que te acusaban? Obviamente si la sorprendieron en el acto mismo del adulterio, ¿dónde estaba el hombre?
No soy católico, sí varios de mis mejores amigos, y es en nombre de esa amistad que hago estos señalamientos.
Rev. Alcides A. Núñez
Barcelona



























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