Los niños de Hialeah están engordando. Y para ganar la batalla contra el sobrepeso, los funcionarios de la ciudad están predicando no sólo la importancia de las frutas y los vegetales, sino también del concreto.
Sí: del concreto, o de la falta de concreto. Junto con programas más tradicionales para mantener a los muchachos activos y comiendo de manera saludable, los planificadores de la ciudad están tratando de que el ambiente de Hialeah sea más favorable a las caminatas y los juegos.
Las autoridades municipales también están apostando a una ruta de autobuses más amplia hacia el mercado agrícola del Pulguero de Hialeah / Opa-Locka, y una mayor presencia policial en los parques de la ciudad para que los padres y sus hijos se pongan en mejor forma.
“El entorno construido lo es todo”, dijo Debora Storch, jefa de Planificación y Zonificación de Hialeah. “El ejercicio no es sólo ir al gimnasio o ir a jugar al tenis... El ejercicio puede estar en todas partes”.
La lucha de Hialeah por lograr cinturas más delgadas es financiada en parte por unos $300,000 en donativos de Blue Cross and Blue Shield of Florida Foundation. La ciudad es sólo una de otras cinco comunidades en todo el estado que ha conseguido el dinero para la lucha contra la obesidad infantil.
Los funcionarios de la ciudad de Hialeah mostraron el viernes su trabajo: una red de aceras, parques de barrio y tráfico lento, a un autobús lleno de becarios de todo el estado.
“Estoy realmente impresionada con Hialeah”, dijo Velma Monteiro, directora de becas y programas de la fundación que le otorgó su concesión a Hialeah.
Basándose en la investigación de la ciudad, el 27 por ciento de los niños en edad escolar de Hialeah son obesos, y 19 por ciento tienen sobrepeso, de acuerdo a las normas nacionales acerca de lo que deben pesar los niños según su estatura y otros factores.
Para ayudar a revertir esa tendencia, Hialeah canalizó la subvención a 21 organizaciones más pequeñas que se proponen mantener saludables a los niños.
Un preescolar de la ciudad usó sus fondos para cultivar un jardín de productos comestibles, atendido por los propios estudiantes. Cuando el cultivo estuvo listo, la escuela invitó a los padres a venir a degustar las verduras que sus alumnos habían cultivado, y al mismo tiempo a que aprendieran sobre alimentos saludables.
Otra organización utilizó videojuegos para atraer a los niños a los centros comunitarios. Después de un baloncesto virtual, a los niños se les animó a entrar en el tabloncillo para reproducir los movimientos en la vida real. Gracias al programa de videojuegos, la asistencia a un centro comunitario se triplicó, de acuerdo con la ciudad.
El papel Storch en la lucha contra los muslos regordetes y las mejillas con hoyuelos ha sido decididamente diferente. Como funcionario a cargo de decidir dónde se echa -y dónde no- el concreto de la ciudad, Storch está siempre en busca de maneras para lograr que la ciudad sea más peatonal y más verde.






























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