Sant Climent de Llobregat, España -- Suelte esas cerezas, queda arrestado. Debido a la crisis económica, los policías deben ir ahora hasta los campos de cultivos a lo largo de España, donde las personas en dificultades le roban a los agricultores los frutos de la tierra.
A su lista de tareas diarias, la Policía ha agregado la patrulla de tierras agrícolas, a veces a caballo. Los agricultores de algunas zonas se han unido para realizar patrullas nocturnas por su cuenta.
En pueblos cercanos a los cultivos, varios miles de guardias civiles paramilitares, policías regionales y locales, incluso han establecido puntos de control, pero no para detectar drogas o conductores ebrios, sino cosechas o equipo agrícola robados, como los cables de cobre utilizados en los sistemas de riego.
Un policía dice que a veces los agentes de la Guardia Civil han montado “operaciones jaula”, que consisten en sellar pueblos enteros para revisar coches y camiones en busca de peras robadas, por ejemplo.
Las mercancías robadas son principalmente para reventa: La comida termina en pequeños mercados ambulantes y el metal con los chatarreros.
Sólo el año pasado, se reportaron más de 20,000 robos en las granjas españolas. El Ministerio del Interior dice no tener cifras comparativas de otros años ni de lo que va del 2012, pero autoridades y grupos de agricultores culpan de los robos a la crisis económica de España. Dicen que son un problema tan grande que las patrullas, establecidas la temporada pasada, permanecerán en vigor este año.
Aquí, en Sant Climent, un pueblo de 4,000 habitantes a las afueras de Barcelona, en la región nororiental de Cataluña, el botín en esta época del año son las cerezas –de un rojo oscuro, brillantes y dulces– que cuelgan como adornos de los arbustos en los huertos en las laderas de un valle.
Las frutillas reaparecen por todas partes. La gente las vende a la puerta de sus casas y en puestos dentro de bares por 8 euros el kilo ($4.50 la libra). El dibujo de una cereza adorna la tarjeta de presentación del alcalde.
Lo que sucede no es una invasión de desempleados muertos de hambre que se atiborran de cerezas y que regresan al pueblo con las pruebas rojas de su delito por todos lados. Tampoco es que el sector agrícola de España, que representa alrededor del 3% del PIB, esté en peligro. Pero el robo refleja un verdadero problema para los agricultores españoles y cómo los tiempos difíciles han hecho que la gente común caiga en la delincuencia.
“Esto surge a causa de una alarma social. Con la crisis, aumenta la criminalidad”, dijo el jefe de la Policía local, Ernesto Baños. “Cuando llega la temporada de la cereza, la gente dice ‘¿Ahora, qué? ¿Cerezas? Pues venga’”.
Los autores de estos robos pueden sorprender, o no. “Jubilados, parados (desempleados), gente joven”, dijo Baños.
Todos hemos brincado una valla en algún momento de la vida para robarle la manzana a un vecino. En España, robar un fruto –los campos sin protección son un blanco fácil– siempre ha sido común en cierto grado.
Sin embargo, “el aumento que se ha visto desde que empezó la crisis hace unos años ha sido espectacular”, dijo Estrella Larrazábal, portavoz de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA). “Cogen cualquier cosa que se les ponga por delante”, agregó.




























Mi Yahoo