NUEVA YORK -- En la saga legal de Roger Clemens, lo más llamativo ha sido la interpretación de su desenlace.
Clemens se anotó una victoria al ser absuelto en un juicio por perjurio, luego de ser acusado de mentirle al Congreso de Estados Unidos.
Si bien inocente de perjurio, Clemens no se ha librado de la sospecha de consumo de esteroides y otras sustancias para mejorar el rendimiento, el elemento que amenaza con descarrilar su candidatura al Salón de la Fama del béisbol.
Tampoco es un fallo que automáticamente desvirtúa el Informe Mitchell, la investigación que puso al descubierto uno de los más grandes fraudes en el deporte profesional de Estados Unidos, y en la que el nombre de Clemens asomó distintivamente entre los 89 identificados.
Y mucho menos se debe plantear que las ocho damas y cuatro caballeros del jurado acaban de certificar el ingreso de Clemens al Salón de la Fama.
En cuanto a Clemens y su inclusión en el Salón de la Fama, pues no ha cambiado nada.
Entrar a Cooperstown depende del criterio de los integrantes de la Asociación de Redactores de Béisbol, si bien esto no es del agrado de todos. El votante no está obligado a tomar en cuenta el juicio.



























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