El analista de Miami Eugenio Yáñez escribió que Castro, quien cedió el poder tras una operación de emergencia en el 2006 y fue sucedido oficialmente por su hermano menor Raúl Castro en el 2008, está tratando de llamar la atención para mantenerse en el candelero.
Castro, como mediocre vedette de farándula superficial y barata, necesita sentirse en el centro de las candilejas, aunque ya solamente pueda ganarse chiflidos y abucheos a estas alturas, escribió Yáñez en una columna de Internet.
En lugar de escribir columnas más largas para exponer sus insensateces, senilidad, ignorancia o cinismo, añadió, Castro está alcanzando ahora una concentración de dislates por renglón que le envidiarían reconocidos ignorantes como Lázaro Barredo, el director de Granma.
Más en serio, Marzo Fernández, ex economista del gobierno que vive ahora en Miami, dijo que las minicolumnas podrían ser una manera de mostrar a los cubanos que Castro, quien no ha sido visto en público desde la visita del Papa Benedicto XVI en marzo, estará viejo pero sigue vivo.
Castro todavía conserva poder político, y lo necesitan vivo y cómplice de todas las medidas económicas de mercado que Raúl Castro ha prometido implantar, añadió Fernández en un email a El Nuevo Herald.
Fernández, en una columna más ligera publicada la semana pasada, escribió que él simplemente no entiende qué trataba de decir Castro en sus minicomentarios, y añadió que si Castro estuviera en Miami, les aseguraba que le estaba dando a las sales de baño.
Jaime Suchlicki, director del Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos de la Universidad de Miami, dijo que Castro evidentemente no se siente lo bastante coherente como para escribir artículos más largos. De modo que las columnas más breves son un modo de mantenerse en las candilejas, algo que a él siempre le ha encantado.
El bloguero de Miami nacido en Cuba Emilio Ichikawa señaló que las columnas cortas eran una reducción lógica porque de hecho muchas de las largas columnas recientes de Castro no eran más que uno o dos párrafos enmarcando citas interminables de otras fuentes.
Y Phil Peters, experto en Cuba del Instituto Lexington, ubicado en los suburbios de Washington, bromeó en una entrada de Internet que tal vez Castro se está entrenando para Twitter, que limita a sus usuarios a 140 caracteres.






























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