El principal fiscal Elliott Jacobson, auxiliado por el fiscal adjunto federal Andrew Dember, expuso su caso metódicamente, detallando un rastro de recibos bancarios, archivos de teléfonos celulares y hasta video de los asesinos en las semanas y meses antes y después de los asesinatos. Cristobal Veliz, quien fue el que contrató a los asesinos, ha alegado durante varios estallidos en el juzgado que la verdadera asesina detrás del plan era Abad.
Abad, quien no testificó, acusó a su madre y su tío de convertir el caso en un circo. El llamado circo incluyó testimonio de un detective privado contratado por su madre que registró la basura de Abad en busca de evidencia que la conectara a los crímenes.
Pero, al final, el jurado no se dejó convencer por las teorías expuestas por los abogados de la defensa, Howard Tanner y Larry Sheehan, quienes alegaron que los matones contratados estaban tratando de salvar su propio pellejo, y que Abad había inculpado a su madre para que sus hijos heredaran el patrimonio de Novack.
El jurado pareció vérselas negras en días recientes para llegar a un veredicto mientras deliberaban sobre una vertiginosa acusación que incluía tantos cargos, elementos, teorías, actos y conspiraciones que hubieran dejado a un profesor de Leyes rascándose la cabeza.
Los jurados sólo hallaron inocentes a los dos acusados de un solo cargo, robo, luego que no pudieron llegar a una decisión sobre un artículo clave en el caso: un brazalete de oro que llevaba puesto Novack Jr., con el nombre Ben grabado en diamantes. La fiscalía alega que el brazalete fue robado al cadáver, y que ese único robo es esencial para la condena por el cargo de homicidio involuntario durante la comisión de un delito de mayor cuantía.
The Associated Press y The Journal News del Condado Westchester (N.Y.) contribuyeron a esta historia.






























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