La semana pasada, los representantes de la Cámara y el Senado de Colombia aprobaron la ley que ellos llaman “el Marco para la Paz”, que podría llevar a perdonar y olvidar los crímenes de lesa humanidad cometidos durante 50 años por las narcoguerrillas de las FARC, las BACRIN y el ELN, sin ser juzgados. Históricamente las FARC han exigido el poder absoluto del país, con un cambio político, social y económico, gobernado por ellos, bajo un solo partido político, es decir, otra Cuba. Si lo consiguieran, en lugar de 11 millones, seríamos 40 millones de esclavos.
Considero que los diálogos para conseguir la paz negociada serían lo ideal para Colombia o cualquier país que tenga estos conflictos, pero aprobar una ley que solo beneficia a los narcoterroristas de las FARC deja mucho que pensar de nuestro presidente Santos, en quien el pueblo colombiano depositó su confianza para seguir viviendo con seguridad. Y después de su llegada al poder hemos visto que se nos está acabando la paz y la tranquilidad, y por el contrario, últimamente lo hemos visto sometido a su mejor amigo Chávez y visitando Cuba.
¿Cuál va a ser el precio que los colombianos tendremos que pagar para que el presidente Santos pretenda ser premio Nobel de la Paz, cuál paz? ¿A qué le llama paz, si en este momento estamos retrocediendo y viviendo el mismo caos de hace 10 años?
Su marco para la paz será el primer acuerdo de paz que sin dialogar ya tiene ganador: la narcoguerrilla de las FARC.
Alfonso Sáenz
Miami


























Mi Yahoo