En Broadway, Rock of Ages se vende como revista musical a mitad de camino entre karaoke y victrola traganíquel. En Hollywood, han intentado reforzarla con un argumento sin pies ni cabeza, encomendado al director Adam Shankman, que funcionó adaptando Hairspray, convoyada por John Travolta disfrazado de mujer en la jocosa caricatura de Edna.
Los aditamentos de Rock of Ages insisten en Catherine Zeta-Jones, la puritana mujer del alcalde, tratando de adecentar la vida nocturna de Los Angeles y empezando por el notorio Bourbon Club, regentado por Alec Baldwin y Russell Brand, ambos con horripilantes pelucas. La atracción será Tom Cruise, en una especie de parodia de Axl Rose, vociferando Paradise City al borde del nudismo permisible.
Zeta-Jones estropea su inmerecido Oscar de Cabaret con una exánime versión de Hit Me with Your Best Shot. Y si las estrellas se deslucen, peor les va a los principiantes/aspirantes, Julianne Hough y Diego Boneta. La coreografía es mediocre y la desafinada melopea se extiende más allá de dos horas, perdiendo la puntería de que en Broadway Rock of Ages se burlaba de los excesos del Heavy Metal, en lugar de exaltarlos.
Rara vez un espectáculo musical ha recibido tan acerbas críticas y, en el New York Observer, Rex Reed la compara con las dos peores películas que ha visto Battlefield Earth y Howard the Duck. Por razones lingüísticas, Rex se salvó de las joyas del cine mexicano y no vio Jesusita en Chihuahua o Hasta que llovió en Sayula.•




























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