Más sabio por viejo que por otra cosa, Pat Riley se cuidó de garantizar otro título en medio de la celebración del Heat de Miami el jueves en la noche. El arquitecto del Showtime en la era gloriosa de los Lakers jamás olvidará aquella ocasión en que prometió otro campeonato días después de haber ganado uno en la ciudad de Los Angeles.
Ahora fue más sutil.
Creemos que hemos construido un equipo que se mantendrá [en la élite] por mucho tiempo, expresó Riley mientras el papel picado caía profusamente desde el techo de la Arena AmericanAirlines y el Heat levantaba su trofeo de rey de la NBA. Nuestra meta es regresar [a la final] cada año.
Seguro, no se trata de una garantía, pero es algo parecido.
Y no puede ser de otra forma cuando se tiene al que el legendario Magic Johnson considera el mejor jugador del mundo: LeBron James, quien acaba de ganar su primer título un poco antes de que Michael Jordan conquistó el suyo a los 28 años. Muchos expertos consideran que todavía no se ha visto la versión más completa y potente del dueño de tres premios de Más Valioso.
James se ha vuelto más completo de un año al otro, expresó en Miami Johnson, quien comentó la Final para la cadena ABC. El año pasado le costaba trabajo jugar de espaldas al aro, pero durante el verano entrenó con Akeem Olajuwon [uno de los mejores centros de todos los tiempos], aprendió de él y su juego ahora es más peligroso. Creo que LeBron todavía puede mejorar más.
Liberado de sus demonios interiores y con un anillo en su cuenta, Miami espera que James, junto a uno Dwyane Wade y Chris Bosh todavía en la curva ascendente de sus carreras, sigan siendo el fundamento de una posible dinastía, capaz de imponer respeto en el resto de la liga y de incluir a la franquicia en el templo de organizaciones tan laureadas como los Lakers o los Celtics.
A diferencia de aquella edición de campeones del 2006, que fracasó estrepitosamente en su intento de repetir corona, los nuevos reyes parecen concentrados en la misión a largo plazo, resumida por James en esa ya famosa frase de bienvenida de ganar, no uno, no dos, no tres . títulos. Esas palabras, que en principio sirvieron para echar leña al fuego de la crítica contra el jugador, ahora podrían servir de estímulo.
Sabemos lo difícil que es repetir, que cuesta mucho volver a este escenario de la final, afirmó Wade. Ganamos en el 2006 y mira qué tiempo nos tomó regresar a la final, y todavía más ganarla. Ahora estamos celebrando, porque es el momento de hacerlo, pero no estamos conformes. Nos queda mucho por hacer en el futuro.
Más allá del núcleo de los Tres Grandes, Udonis Haslem, Mario Chalmers y Norris Cole, muchas piezas cambiarán en lo adelante. Se habla de un casi seguro retiro de Mike Miller, al igual que James Jones, Eddy Curry, Juwan Howard y otros miembros podrían no estar aquí para el inicio de la próxima campaña, pero nadie mejor que Riley, en su calidad de presidente, a la hora de rodear a sus estelares con un reparto digno y útil.
No será fácil, porque las nuevas regulaciones monetarias de la liga que provocaron la tormenta del paro veraniego- harán más complicada la firma de agentes libres, pero expertos consideran que a muchos de esos jugadores les atraería la idea de alinear al lado de figuras como James y Wade, especialmente a veteranos -como Ray Allen, por ejemplo- dispuestos a ganar un poco menos a cambio de un último asalto al cielo de la NBA y la posibilidad de un anillo y, por qué no, de un desfile triunfal como el que estremecerá a Miami el lunes.
Por supuesto, los rivales no se irán a ningún lado. En la Conferencia del Este habrá que pasar por encima de los Bulls, siempre y cuando tengan a un Derrick Rose saludable; y en el Oeste el Thunder permanecerá como un oponente formidable por un buen rato, cortesía de Kevin Durant y Russell Westbrook, quienes grabaron en su memoria la imagen del fracaso para intentar no repetirla en lo adelante.
Ahora, por lo pronto, es momento de celebrar. De los próximos títulos ya habrá tiempo para hablar.



























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