Hipólito Acosta fue el primer agente de inmigración estadounidense que se infiltró en la red de traficantes de personas en la frontera con México. A lo largo de 23 años se hizo pasar por coyote, narcotraficante o simplemente un mexicano que intentaba internarse al país de manera ilegal.
Pasó frío y miedo nadando por el río Bravo, permaneció encubierto en camiones llenos de inmigrantes, fue testigo de violaciones y abusos sexuales, se ganó la confianza de líderes del narco y de traficantes de personas.
Pero también cumplió con su papel como agente del gobierno y contribuyó a detener a delincuentes y a deportar a inmigrantes carentes de autorización para internarse en el país.
Sus experiencias y sentimientos, a veces encontrados, quedaron de manifiesto en El cazador de sombras.
Tras una redada, siempre pasaba por un período de reflexión emocional. Después de todo, soy humano, dijo el viernes a The Associated Press en entrevista telefónica.
El público no sabe lo que está haciendo el gobierno, ni las experiencias que pasa la gente, señaló.
Los orígenes mexicanos de Acosta le ayudaron en los operativos de infiltración. Hijo de trabajadores agrícolas mexico-estadounidenses, creció en Redford, un pueblo de Texas ubicado a orillas del Río Bravo (o Grande, como le dicen en Estados Unidos). Sus abuelos habían llegado de México a comienzos del siglo XX, en busca de un futuro mejor.
Conocía la cultura, el idioma Todo eso me ayudaba mucho para infiltrarme, para pretender que era un indocumentado, un criminal, un coyote (contrabandista de personas) o un narcotraficante, expresó.
El libro lo escribió junto a la ex periodista del New York Times, Lisa Pulitzer, y la editorial Simon & Schuster recién lo puso a la venta en español en Estados Unidos.






























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