Séptimo Día

La pasión india por el oro

 

EFE

Con un cuarto del consumo mundial, la India es el principal mercado del oro, un metal considerado un recurso seguro en el país, donde está asociado a cultos religiosos y a la ostentosa joyería de los grandes festejos tradicionales.

En pleno corazón histórico de Delhi, entre ruido de generadores, marañas de cables y ciclotaxistas, se levanta la emblemática calle Dariba Kalan, donde desde hace más de tres siglos cientos de joyeros comercian con plata, piedras preciosas y mucho oro.

Con el tiempo, la explosión demográfica ha trasladado el comercio de la joyería también a otras áreas, pero Dariba Kalan sigue siendo un epicentro de la compraventa del oro sólido, en lingotes y monedas, que el Estado adquiere en el mercado internacional.

Quizás por ello los ciudadanos acuden aún a este lugar, situado a caballo entre la majestuosa mezquita de Jama y el Fuerte Rojo, a buscar cadenas, collares, medallones o anillos en el laberinto de vitrinas, espejos y letreros llamativos del medio millar de tiendas.

“Todo el mundo quiere comprar oro en la India, sea rico o pobre. Independientemente de su casta, religión o sexo. Se compra más de lo que se puede”, aseguró Vinod Sharma, encargado desde hace dos décadas en uno de los comercios más grandes de la zona.

En él trabajan en torno a un centenar de personas para atender a numerosos visitantes diarios como Kusum Gaur, una mujer que rastreaba con su hermana diferentes anillos para un regalo.

“Desde la época antigua, las mujeres están locas por comprar oro, en parte para invertir en seguridad. Se puede evaluar la prosperidad de una casa al ver las joyas de la mujer”, afirmó Gaur, mientras tanteaba la posibilidad de revender unas viejas pulseras rotas.

“Ningún otro producto te da la misma tranquilidad. En cualquier momento puedes liquidar el oro, revenderlo si tienes presiones”, razonó el comerciante Sharma.

La pujanza del oro en la India se mantiene, sobre todo, gracias a la pasión sin límites existente en regiones del sur como Kerala o Tamil Nadu, y también al fuerte apego generalizado hacia el metal en el entorno rural del país.

El oro es ofrecido a algunos dioses, regalado en nacimientos, cumpleaños o festejos como Diwali —“la Navidad hindú”—, y es el metal estrella de las aparatosas joyas que debe llevar cualquier novia en su fastuosa boda.

La ciudad norteña de Amritsar tiene, sin ir más lejos, un Templo del Oro, el más emblemático para los fieles sij, y en el 2011, se halló un tesoro multimillonario en uno hindú, en Trivandrum (sur), con una estatua de oro de 30 kilos de Vishnú y muchos otros valiosos objetos de este metal, como cáscaras de coco.

El fervor milenario tiene su vigencia actual; la compañía Tata presentó el pasado septiembre un prototipo de su modelo de coche económico Nano con piedras preciosas y bañado en cinco kilos de oro de 22 quilates, valorado en unos 4,5 millones de dólares.

“Hay gente que necesita comprar oro cada semana, aunque sea simplemente un gramo”, explicó el gemólogo Niraj Khana, quien admitió, no obstante, que la tradición ha perdido cierto peso en los centros urbanos.

Dicen los comerciantes que el comprador indio es muy tradicional, desconfiado en territorio de sellos falsos y usureros que rebajan la pureza con mano fácil, y sumamente orientado al precio frente al diseño que rige, por ejemplo, en los negocios occidentales.

Y aún así, los sueños dorados de los consumidores indios más atrevidos abarcan lo más variopinto: desde un babero para niño que en su día costó $25,000 a guantes revestidos del preciado metal.

Muchos ven además en el oro, cuyo precio se ha multiplicado por seis en los últimos doce años, un bien seguro ante la inestabilidad de los mercados bursátiles o los vaivenes de la economía.

De acuerdo con el Consejo Mundial de Oro, en territorio indio se compraron, entre abril del 2011 y marzo de 2012, 854 toneladas de oro y se gastaron $44.920 millones para adquirirlas.

Con estos datos en mano, la India es todavía el principal consumidor mundial de oro, con una cuota del 24 por ciento, aunque China cada vez está más cerca y, de hecho, en el último trimestre le superó debido a un notable descenso en el consumo indio interanual.

La depreciación de la rupia está afectando mucho, según los expertos, pues el valor del oro se fija en dólares en el mercado internacional, y la moneda nacional india se devaluó en el último año un 25 por ciento respecto al billete verde.

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