Tallahassee -- A los 18 meses de su primer trabajo político, el gobernador Rick Scott ha logrado dominar algo: el arte de la campaña perpetua.
Scott tiene un consultor político y estratega de los medios de comunicación a su servicio constante y rápido contacto. El Partido Republicano ha transmitido en todo el estado anuncios de televisión y contratado una compañía para actualizar regularmente su página de Facebook. Ha sido afectuoso con los medios de prensa, se ha hecho adepto a usar sus puntos destacados, aprendió a esquivar preguntas difíciles y pasó la prueba más importante en la política de la Florida: mostrar que puede recaudar dinero para su reelección, con $3.7 millones hasta ahora.
El ex gerente general del cuidado de la salud se muestra aún un poco incómodo ante las cámaras, por lo que sus asesores lo han llevado a programas conservadores y amistosos de radio, donde pasa muchas de mañanas como un invitado regular al que se puede llamar por teléfono. El resultado: ha pulido su discurso.
Sabemos que hay al menos 100 no ciudadanos registrados para votar y al menos 50 de ellos votaron en las elecciones pasadas, le dijo de forma sucinta Scott a Bill Bennet el 14 de junio en la Radio del Ayuntamiento sobre los resultados de sacar a los no ciudadanos de las listas de votantes. ¡Eso es un delito grave!
El tema le ganó espacio en los programas de las cadenas de televisión y el apoyo del 60 por ciento de los votantes de la Florida, de acuerdo con una encuesta Quinnipiac dada a conocer la semana pasada.
Pero cada campaña se debe llevar a cabo sobre algo, y es ahí donde la imagen fabricada del gobernador se tambalea.
Scott ha dejado de vender la creación de empleos del estado y en su lugar alardea de que tenemos la mayor caída en el desempleo de cualquier estado en los últimos 18 meses.
La declaración implica que los floridanos han regresado al trabajo a un ritmo más rápido que el resto de la nación, pero los principales economistas del estado destacan que el 75 por ciento del descenso se debe a que las personas salen de la fuerza laboral y no cuentan más entre los desempleados.
Otras contradicciones abundan. El gobernador prometió hacer una prioridad de la educación, entonces firmó el presupuesto del estado que recorta $300 millones a las universidades e incluye un plan de gastos que asume un aumento de un 15 por ciento en las matrículas y la creación de una duodécima universidad. La semana pasada, Scott urgió entonces a la Junta de Gobernadores a hacer a la Florida el Número 1 en asequibilidad y rechazar los aumentos en las matrículas. La junta no lo hizo.
El gobernador ha prometido mantener a la baja el costo de vida para los floridanos, pero aceptó $250,000 en efectivo de campaña de la Florida Power & Light, que desea elevar las tarifas eléctricas a sus 4.5 millones de clientes.
Scott hizo campaña sobre el ser un foráneo de Tallahassee, y entonces contrató a un experto interno de mucho tiempo para que fuera su jefe de personal. Cuando surgió el conflicto después que una serie de reportajes del Times/Herald detallaron como su jefe de personal, Steve MacNamara, llevaba contratos y trabajos a amigos, el gobernador lo llamó a su oficina y le pidió que renunciara antes de lo planeado. Lo dejó estar en el cargo hasta el 1 de julio, pero cuando el gobernador estaba fuera de Tallahassee en viajes al extranjero y una gira por el estado, el segundo de MacNamara, Jenn Ungru, le dijo al Departamento de Justicia Juvenil que le diera a otra compañía una ventaja de contrato en un programa para la juventud en riesgo.




























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