La literatura juvenil está definida como una obra de ficción dirigida a lectores de edades comprendidas entre los 12 y los 17 años. En realidad, el término es más clasificación editorial que género literario. También se les llama coming of age novels, como la famosa Catcher in the Rye, de J. D. Sallinger; o novelas de iniciación, como la de Edmundo de Amicis, Corazón. Sus temas no se diferencian mucho de los de la ficción de adultos: amor, sexo, tragedias personales y muerte; sólo que éstos son tratados de forma diferente. Sin embargo, eso está cambiando. Al parecer, la línea que separa la adolescencia de la adultez es cada vez más tenue. Y es que hay novelas que por sus tramas, aunque las encontremos en los anaqueles de young adult books, podrían estar en las de ciencia-ficción o en las de terror. La época de Hombrecitos, de Mary C. Alcott o La isla del tesoro, de Stevenson, ha quedado atrás. Estamos en presencia de una nueva y diferente literatura juvenil, más violenta y moralmente compleja, pero también, de alguna oscura manera, más aleccionadora. Una prueba de ello es Los juegos del hambre, de Suzanne Collins, una novela en la que a pesar de su contenido (24 jóvenes son seleccionados -en una especie de diabólica lotería- para que se maten entre sí frente a las cámaras de televisión), está siendo usada como lectura obligada en las clases de inglés de algunas escuelas de Estados Unidos.
Los juegos del hambre está narrada en primera persona por Katniss Everdeen, la protagonista principal, una joven de 16 años que vive junto a su madre y su hermana menor, Prim, en el postapocalíptico Panem, que Katniss describe como “el país que se levantó de las cenizas de un lugar antes llamado Norteamérica”. Una nación destruida por una serie de desastres naturales: sequías, incendios, tormentas y maremotos. Y por una guerra mundial en la que se disputaron los pocos recursos que quedaban en el planeta. El resultado: una ciudad llamada Capitolio, regida por una dictadura que le negaba la libertad a sus ciudadanos y aplastaba con brutalidad cualquier disidencia. Como ocurrió cuando algunos de sus distritos (donde vivía la clase trabajadora) se rebelaron: 12 fueron derrotados y el decimotercero aniquilado. En castigo por esa rebelión surgieron los Juegos del hambre, en el que cada uno de los distritos debía entregar a un chico y una chica, llamados “tributos”, para que participaran en los juegos. Las reglas eran sencillas: estos 24 jóvenes eran encerrados en un enorme estadio al aire libre en el que debían luchar a muerte durante varias semanas. Solo uno sobreviviría. Y ese era el ganador.
Después de haber alcanzado un éxito sin precedentes (se vendieron casi un millón de copias, ha sido traducida a 26 idiomas, sus derechos de producción se han vendido en 38 países y la película terminó recaudando más de 150 millones en su primera semana de exhibición) todavía hay quienes se preguntan cómo una novela escrita pensando en una audiencia juvenil y con una trama tan perturbadora, haya podido ser aceptada, en general, por padres y educadores, y provocar, además, semejante revuelo mediático. Las causas podrían encontrarse en la perfección de su estructura, en el suspense que genera su casi condición de thriller, en las detalladas descripciones de un mundo desconocido, en la dimensionalidad de sus personajes, y en la complejidad de un argumento que, a pesar de situarse en el futuro, lidia con los mismos valores universales de las grandes novelas: la injusticia (los habitantes de los distritos de Panem trabajan para mantener a los dirigentes del Capitolio), los lazos familiares (Katniss se ofrece para concursar en lugar de Prim, su hermana, que fue la seleccionada), la esperanza (representada en los esfuerzos sobrehumanos por sobrevivir), y el amor, que triunfa a pesar de las dificultades. Pero cualquiera que hayan sido las causas, lo cierto es que la fama alcanzada es merecida. Y es que Los juegos del hambre es una estupenda novela. No encuentro una manera más comedida de decirlo.
Suzanne Collins, es guionista de televisión y novelista. Los juegos del hambre es el primer libro de una trilogía que incluye además las novelas En llamas y Sinsajo. También escribió la serie Gregor, la historia de un niño neoyorquino de 11 años que, tras caer por una rejilla de ventilación, llega a un extraño mundo en el que conviven seres humanos con murciélagos y ratones. Suzanne Collins está casada y tiene dos hijos. Vive en Newton, Connecticut. •




























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