Cuando el último out se hizo luz en pantalla del parque de los Marlins, el comentarista de televisión Octavio Cookie Rojas expresó Al fin; mientras el mánager Ozzie Guillén pensó en una sola palabra, alivio; y al abrigo del clubhouse, el lanzador Mark Buerhle profirió una frase definitiva: ya era hora.
El triunfo del domingo 9-0 sobre los Azulejos de Toronto significó mucho más que una simple victoria, porque los peces contemplan el partido como el fin visible de una racha de derrotas que se extendió a seis y el cambio de una actitud tan perversa que requirió la convocatoria de una reunión sólo para jugadores.
Sabemos que este es un esfuerzo que debe extenderse, indicó Hanley Ramírez, el hombre que pidió el encuentro de los peloteros y autor de dos impulsadas en el choque. La reunión era para mirarnos por dentro y decirnos unas cuantas verdades a la cara. Pero ahora debemos jugar con más pasión, con mayor deseo. Está en nuestras manos.
Todavía es pronto para saber el efecto a largo plazo de la reunión efectuada el sábado en la noche, pero la muestra del domingo resultó estimulante, pues los Marlins por primera vez en 25 juegos sobrepasaron la marca de cinco anotaciones al son de ocho imparables, incluidos un triple de Ramírez, y cuadrangulares de John Buck y Greg Dobbs.
Los peces salieron agresivos desde el primer capítulo sobre los envíos de Jesse Chávez y al final de la entrada ya sumaban cuatro carreras producto de un sencillo impulsor de Scott Cousins y el batazo descomunal de Buck por el jardín central que trajo tres para el plato.
Ver la ofensiva así es una buena señal y, sin duda, el triunfo es un alivio, afirmó Guillén. Hemos pasado momentos difíciles, pero creánme que no hay pánico, los coaches no sienten pánico y los jugadores menos. Todos aquí mantenemos la frente en alto y confiados en que las cosas cambiarán para bien.
Uno que experimentó un cambio notable fue Buerhle, quien resucitó luego de dos aperturas para el olvido y se convirtió en el mejor lanzador de la historia de los Juegos Interligas al llegar a 25 triunfos en ese tipo de series. En siete entradas el zurdo permitió siete hits, ponchó a siete y regaló dos boletos.
Buerhle se combinó con Chad Gaudin, quien trabajó los últimos dos episodios, para que los Marlins sumaran su segunda lechada de la temporada y su primera en casa.
Las cosas no nos habían salido como queríamos, pero no fue por no tratar, indicó Buerhle. El equipo se ha mantenido unido a pesar de todo lo que ha sucedido y todavía hay tiempo para darle un vuelco a la situación. Ojalá este sea el principio del fin del mal momento.
Por segunda vez en la temporada los Marlins anotaron nueve carreras.




























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