A pesar de que no es una solución permanente como era menester, la medida firmada por el presidente Barack Obama en favor de los niños y jóvenes traídos por sus padres a Estados Unidos es humanitaria, justa y consistente con los intereses de la nación. Sin embargo, los hispanos somos propensos a fijarnos solamente en los “favores” de última hora y olvidar la historia completa. Por eso, debemos recordar que durante su campaña presidencial del 2008, Obama prometió a los hispanos una reforma migratoria y los hispanos votaron masivamente por él.
Pero cuando llegó a la Casa Blanca, Obama echó su promesa al basurero. Y de la misma forma que hizo aprobar la reforma de salud, lo pudo haber hecho con la migratoria. Pero, en su lugar, lo que hizo fue deportar a dos millones de hispanos, muchos más que la administración republicana anterior. Ante las quejas de los grupos hispanos, la respuesta de Obama durante el último año y medio ha sido: “no puedo hacer nada porque no tengo el respaldo de los republicanos”. Y ahora, a cinco meses de las elecciones, resulta que con solo un plumazo y sin apoyo republicano, Obama sí lo pudo hacer. La cruda verdad es que le había estado mintiendo a los grupos hispanos. Ojalá no haya que tropezar dos veces con la misma piedra y esta vez con la diferencia de que, después de la elección de noviembre, no necesitará más de los hispanos.
Luis Zúñiga
Miami





























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