Bajo una lluvia de confeti y alaridos de Lets go Heat, la caravana, escoltada por policías motorizados, circuló mientras los jugadores y el cuerpo técnico recibieron el cariño y entusiasmo de la afición con gritos de felicitación y el ondear de banderas y carteles donde se leía Campeones.
Algunos participantes se quejaron en las redes sociales de la rapidez con la cual pasó la caravana.
El usuario MiamiUrbanist escribió en la plataforma Twitter que las calles de Miami son tan anchas que hasta permiten la alta velocidad de las paradas.
Por su parte, PJCMota describió el paso acelerado de los jugadores: Cuando me volteé a verlos, lo que vi fue un camión de helados, ellos se habían ido.
De todos modos, el amor por los Heat se expresó como un caleidoscopio en todos los sentidos, incluso en el religioso.
El pastor Chris Atwood y su esposa Jenn pasaron la mañana pintando una pancarta que colgaron de la Primera Iglesia Presbiteriana en la Avenida Brickell. El cartel reza: Jesucristo ama al Heat.
Queremos mostrar el apoyo que esta iglesia da a la comunidad, dijo Jenn Atwood, al agregar que estaba impresionada al ver cómo el campeonato y el desfile han servido como eslabón de toda la comunidad.
En Biscayne Boulevard, afuera de la arena, cientos de aficionados esperaron la llegada del equipo. Casi todos vistieron camisetas con el estampado de los Heat. Algunos trajeron sillas de playa y tiendas de campaña para ver el espectáculo relajados.
Llegamos a las 7 a.m., dijo Ariel Williams. Tienes que llegar temprano.
Algunos fans se desayunaron en plena calle gracias a los carritos de comida a lo largo de la ruta peatonal. Para estar allí, en ciertos casos tuvieron que decir una mentira blanca.
Le dije a mi supervisor que estaría enferma el lunes, confesó Terica Harvey.
La devoción de los aficionados fue muy apreciada por los jugadores.
Agradezco a todos nuestros aficionados por permanecer con nosotros, dijo Wade, al agregar que los miamenses son los mejores aficionados del mundo.
En la celebración dentro de la arena, Bosh también agradeció el apoyo de los apasionados seguidores.
Gracias desde lo más profundo de nuestro corazón, indicó Bosh. Ustedes han hecho que este viaje haya sido tan especial y tan memorable para todos nosotros.
Los eufóricos asistentes a la arena saltaron y bailaron sobre las gradas con varitas y pulseras luminosas. Algunos llevaron carteles con mensajes personales para sus héroes. El lugar se transformó en una suerte de discoteca.
El mundo exterior, no apoyó a este equipo. Descartaron al equipo, dijo el coach Erik Spoelstra, quien también habló en español. Pero nunca calcularon cuán unido era este equipo como una familia.
Hoy es un día de fiesta, precisó.
Una fiesta que, indudablemente, pasará a los anales de la historia local. Lets go Heat
Los reporteros Pedro González, Adam H. Beasley, Anna Edgerton, Michael Mcguire y Margaux Herrera colaboraron con esta información






























Mi Yahoo