a sido una graduación dura, pero ha valido la pena. Las toneladas de críticas, las burlas soterradas o a plena luz del día, la hecatombe de cada derrota y la liviandad de cada victoria. El triunfo atribuido a los jugadores y el fracaso apegado a su espalda. Erik Spoelstra posiblemente nunca gane el premio de Coach del Año, pero en esta temporada ha hecho suficientes méritos para ganarse el respeto de todos.
No es un Phil Jackson, que con su retórica a medio camino entre el budismo y la pirámide del éxito del legendario John Wooden ha logrado un ramillete de títulos, ni tan siquiera un Pat Riley capaz de hacer llorar –según confesara el propio Alonzo Mourning- a sus jugadores con discursos inflamados sobre el momento y la historia de cada juego, pero Spoelstra ha tomado de aquí y de allá para formarse un camino propio.
Tantas veces matado y pocas revivido. No es fácil alcanzar el reconocimiento cuando se tiene a tres de los mejores jugadores de la NBA. ¿Cuántas veces no se escuchó por ahí la frase de que “con LeBron James, Dwyane Wade y Chris Bosh, ese equipo gana solo’’? O tras la derrota esta otra. “¿Cómo es posible que con esos jugadores haya perdido de esa manera?’’.
Hay que imaginarse en la piel de Spoelstra, o mejor dicho, tener la piel dura como una coraza para resistir los embates de quienes han hecho de su trabajo al frente del Heat una suerte de tiro al blanco. Ciertamente, el coach no ha puesto en práctica nada espectacular en esta Final de la NBA desde el punto de vista táctico, pero ha concebido una manera mejor de funcionar: colocar a sus estrellas en la mejor posición para ganar.
Al apagarse el eco de la Final y de la derrota contra los Mavericks, fueron tantas las dudas y críticas y, en honor a la verdad, los errores, que Spoelstra tuvo que blindar su pensamiento para mantenerse positivo y poder mirar hacia delante.
Todavía no se ha olvidado el inicio de la contienda anterior, cuando con marca de 9-8 varias voces comenzaron a cuestionar la capacidad del joven dirigente para lidiar con una escuadra plagada de estrellas. En varios momentos, James, Bosh e incluso Wade -que ha sido su mayor respaldo desde que asumió el puesto- cuestionaron sus responsabilidades y se llegó a creer que los tres no podrían convivir bajo la égida de Spoelstra.
¿Quién no recuerda el famoso codazo entre él y James? Y en este año, el intercambio de duras palabras con Wade fue la comidilla de todos. Tal parecía que Miami se fracturaba por un posible diferendo entre el coach y una de sus estrellas.
“Nada de lo que se dice sobre él es cierto. Primero por la clase de persona que es, él hace las cosas correctamente, su preparación no la hace nadie y conduce muy bien las prácticas”, comentó Octavio De La Grana, quien es uno de los entrenadores dedicados al desarrollo de los más jóvenes dentro del Heat. “Aquí todo el mundo lo respeta, todos los jugadores, la organización, los rivales, todos lo respetan”.
Sin duda, le ha costado mucho esfuerzo y demasiada paciencia, pero Spoelstra lo ha ido logrando.




























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