eBron James abrazó el trofeo Larry O’Brien como si se tratase de la joya más preciada del mundo, tanto que en la celebración no se apartaba de ella.
Y es que el jugador del Heat la buscó con una fuerza poco común y la mereció como nadie. Primero por su fantástica temporada y luego por su juego en los playoffs, que culminó con una actuación especial en las finales. James fue un látigo en ataque, un muro en defensa, jugando todas las posiciones este año.
Aunque en verdad nunca estuvo solo, siempre contó con la ayuda de Dwyane Wade, quien se sobrepuso a sus problemas en sus rodillas para ayudar al equipo de Miami a la conquista del título.
Wade aunque reconoció que ya no es el mismo jugador que ganó el título en el 2006 en estas finales se pareció bastante, jugando incluso con dolor.
Pero para dolores los de Mike Miller, que recibiendo terapia en la espalda casi todos los días siempre aportó algo con su juego versátil, su actuación con siete grandes triples que justificaron su fichaje por el conjunto de la Capital del Sol como sexto hombre, sumándose al grupo de héroes inesperados.
El tercer integrante del Trío Mágico, Chris Bosh, estuvo a la altura esperada. Al final asumió una mayor responsabilidad jugando como centro, peleando debajo del aro y terminó por ser decisivo en la victoria.
El Heat sintió mucho su ausencia cuando se lesionó en el abdomen, pero regresó en el momento más oportuno y fue clave.
Otro que se justificó en las finales fue Mario Chalmers. El armador fue de menos a más y volvió a crecerse en los playoffs con una destacadísima actuación en el juego cuatro de la final.
Tras ese encuentro Rio, como le llaman, recibió muchos elogios de sus compañeros de equipo haciendo quedar en buen lugar a aquellos que confiaron en él como una pieza clave. Chalmers une este título de la NBA con el Heat al que ganó en la NCAA en el 2009 con la Universidad de Kansas.
Pero no fue el único jugador de Miami que se une al club, de los seis en activo, que gana dos grandes títulos. Shane Battier también consigue la dupla al ganar con la Universidad de Duke en el 2001.
El delantero del Heat agigantó su figura en estos playoffs, donde se ganó el puesto de titular, apuñalando a sus oponentes con sus triples y marcando a su vez a sus hombres grandes.
También Udonis Haslem se peleó con los gigantes del conjunto rival de turno. El guerrero del Heat , todo corazón en la cancha, tapó siempre todos los huecos de la defensa de Miami haciendo el trabajo sucio debajo de los tableros, bien tomando rebotes, bien tomando cargas, siempre jugando fuerte, siempre dando la cara.
El novato Norris Cole también cumplió su papel marcado muy bien a los armadores contrarios y anotando importantes canastas, como las que ayudaron a iniciar la remontada en el juego cuatro de la serie final. Después de las actuaciones de Cole y Chalmers nadie debe dudar de que el Heat ha encontrado a sus point guards.
James Jones jugó poco, pero regaló buenos minutos, con mucha agresividad en defensa y acierto en sus tiros de distancia.
El resto del equipo no aportó tanto en la cancha, pero siempre estuvo ahí listo para salir, para apoyar, para lo que hiciera falta. En ese grupo destacan Ronny Turiaf, Joel Anthony, Dexter Pittman, y Juwan Howard, quien ganó su primer título tras 18 años en la NBA.
Mención especial para el señor Erik Spoelstra. El entrenador del Heat tras soportar un aguacero de críticas manejó magistralmente al equipo en los playoffs y le ganó la partida al caballero Scott Brooks.
Spoelstra encontró siempre la solución adecuada a los problemas del Heat, hizo buenas rotaciones, innovó, mantuvo al equipo alejado del ruido exterior, y terminó inculcando su filosofía buscando el momento, estableciendo una identidad y creando buenos hábitos. Las elementos necesarios para conseguir la victoria final.
El Heat demostró que tenía una buena dirección y sobre todo una sólida nave, hecha con la mejor de las maderas: la madera de campeón.



























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