No soy amante de las fiestas, y contrario a lo que parezca, soy como una ermitaña cuando debo asistir a alguna y por tanto voy a muy pocas durante el año. Pero a esta celebración a la que me habían invitado, no podía faltar de ninguna manera, al grado de que me aseguré de no tener un viaje de por medio que me impidiera hacerlo.
Mientras me dirigía al sitio, a diferencia de otros eventos donde voy a regañadientes, este me hizo reflexionar con sentimientos mezclados: ¡qué bueno por ella! me dije pero al mismo tiempo es la nostalgia de sentir que la homenajeada se retira del trabajo para dedicarse a escribir y gozar de una vida que le ofrece sus mejores años.
Por eso es que escribo estas líneas. Tengo que hacerlo como un homenaje a un ser humano a carta cabal, que usted que me lee, también debe conocer y les cuento por qué.
Jamás olvidaré el día aquel de hace casi cuatro años, cuando, en medio de un compás laboral de trabajo por llamarle al desempleo de forma elegante y muchos ni siquiera respondían a mis llamados, en tanto otros afirmaban que como periodista mi trabajo era historia, me encontré reunida con Gloria Leal, exdirectora asociada de este El Nuevo Herald y de su sección cultural, a pesar de su apretadísima agenda.
La conocía por su impecable reputación de incansable profesional en esta publicación .
Mujer de pocas palabras, siempre directas Gloria ignora hasta ahora, que lo que me dijera en ese primer momento de aquella reunión no solo hizo que se me formara un nudo en la garganta, sino que me introdujo a un nuevo y apasionante giro en mi carrera.
Me encantaría que Galería tuviera una columna donde se narren con lenguaje coloquial las cosas diarias que suceden pero tal y como pasan, sin componerlas. Quisiera que los lectores o bien se identifiquen con las situaciones porque les han sucedido, o porque han visto que estas han pasado muy cerca de ellos. Además, deberán ser aspectos de la vida que nos hagan reflexionar sobre la ética. Que la gente piense bien si lo que se hizo es correcto o no. Habrá ocasiones en que estén de acuerdo con lo que escribas, en otras no, pero eso es lo que me gustaría que hicieras. El espacio es tuyo.
Salí de aquella reunión con el agradecimiento por convertirme en columnista de Galería, sin lugar a dudas, su hija profesional, su obra de arte en este diario.
A partir de entonces, mi columna De mujer a mujer como ella misma la bautizara, hecha con menos de 500 palabras, es algo que semana a semana me produce el reto y el gozo de escribir para contarles lo que me sucede, y así esta columna se convirtió en parte de mi vida.
Por eso es que la noticia de que Gloria Leal había decidido retirarse para hacer lo que más quiere, que es seguir escribiendo libros me llenó de nostalgia, pero al mismo tiempo de agradecimiento. Desde este espacio, que es otro de tus hijos literarios, solo puedo decirte: Gloria, ¡gracias! y vive los mejores años que están por llegar, ¡que te los has ganado! •























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