Visitó Rumanía después del desplome del sistema comunista y se casó el 27 de abril de 1996 con el gimnasta estadounidense Bart Conner. El 29 de junio del 2001 se hizo ciudadana de Estados Unidos.
Comaneci participó en muchas obras benéficas incluyendo la apertura en Bucarest de una clínica de misericordia para ayudar a los niños huérfanos. Ha sido Presidenta Honorífica del Comité Olímpico Rumano, vicepresidenta del Consejo de Dirección de la Asociación para la Distrofía Muscular y miembro de la Federación Internacional de Gimnasia. También recibió en el 2004 la máxima orden del Comité Olímpico Internacional.
En el 2005 fue elegida entre las grandes atletas de la historia, terminando en cuarto puesto y en el lugar cimero entre las mujeres.
Pertenece al Salón de la Fama de la Gimnasia Mundial. Junto a su esposo fundó una academia y editó la revista International Gymnast. La pareja tuvo su primer hijo el 3 de junio del 2006, que se nombra Dylan Paul Conner.
Al hablar de las mejores gimnastas de la historia, podemos mencionar los nombres de las soviéticas Larisa Latynina y Olga Korbut, la rumana Simona Amanar y la estadounidense Mary Lou Retton, entre otras. Pero Nadia Comaneci fue una atleta única, genial, incomparable.
Nombres ilustres adornan la historia de los Juegos Olímpicos. Desde las épocas de Johnny Weismuller, Jesse Owens, Wilma Rudolph y Mark Spitz, hasta llegar a las décadas de Jackeline Joyner, Michael Johnson, Carl Lewis y Michael Phelp.
Pero cuando hablamos de los más grandes atletas de todos los tiempos, la niña prodigio de Montreal ocupa un lugar especial.




























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