El Miami Heat hizo realidad un sueño al ganar el campeonato de la NBA. El cerebro, Pat Riley, y el dueño del equipo, Micky Arison, le dieron luz verde al sueño de ganar. Riley siempre tuvo una gran fe y seguridad en su entrenador, Erik Spoelstra. Todos sabemos la cantidad de críticas que tuvo que soportar y que algunos querían hasta que lo despidieran.
La idea y el sueño requerían sacrificios de egos y dinero. Su meta era armar un equipo para ganar. No para competir en un alto nivel, sino para ganar el campeonato de la NBA.
A los equipos y cronistas deportivos de otras ciudades, en su mayoría, les molestó que LeBron James y Chris Bosh hubieran firmado con el Miami Heat.
Dwyane Wade quería ganar y Riley buscó las piezas.
Las cuatro series fueron muy emocionantes y en todas vinieron de atrás y las ganaron. Todos los jugadores, en el momento en que el team los necesitó, se destacaron. El coraje y la determinación se impusieron en la cancha, liderados por los tres reyes.
Estamos acostumbrados a que todo sea a través del dinero y de los beneficios. Muchas futuras estrellas sólo piensan en ganar más dinero y tener los mejores beneficios en sus contratos. Se van para cualquier equipo y para cualquier ciudad.
El Miami Heat cambió la historia, la idea y el sueño: renunciar y sacrificarse para ganar, buscar la gloria y el respeto y ser los campeones de la NBA.
Vino el 2012 y se culminó el sueño. El Miami Heat triunfó. Lo lograron, nos regalaron lo mejor de ellos y ganaron. Felicidades, campeones. Gracias, Miami Heat.
Miguel J. Aguilera
Miami




























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