Opinión

ROBERTO CASIN: Entrañas al mejor postor

 

Parece que ya pasó y ya ven. A cada rato me topo con un titular, impreso o electrónico, que me recuerda que todavía, después del naufragio, hay muchos que siguen dando brazadas tratando de llegar a la orilla. Los más escalofriantes vienen ahora de Europa, donde la crisis lleva tocando fondo desde hace meses. Y no hay señales de para cuándo acabar.

Se trata de que el desempleo ha hecho metástasis y mucha gente no sólo ha perdido en casa el teléfono sino familias enteras viven a oscuras para ahorrar en la factura de electricidad y se las arreglan con una comida al día, si acaso pan con salami a todo tirar. Una escena digna de peores tiempos sólo vividos durante la guerra o bajo el comunismo.

Los más desesperados están dispuestos a desguazarse un poco para que el resto de su cuerpo y el de los suyos sobreviva. Patético, pero el asunto es sobrevivir. La ola de la crisis está dando vida al mercado negro de órganos humanos, ya visto en tiempos pretéritos en sitios como China, India y las Filipinas, pero que los rigores de la crisis ha expandido a Grecia, España, Italia y a la empobrecida Serbia.

La industria del menudeo visceral prospera por una razón bien simple: cuando no hay ningún pan que poner sobre la mesa el privarse de un riñón y seguir viviendo con el otro no parece ser un sacrificio tan descabellado. Y esa es la conclusión a la que están llegando muchos, entre ellos un griego de 46 años, nativo de El Pireo, que para no terminar mendigando en las calles puso en venta el suyo.

Las ofertas crecen por día. Médulas, córneas, pelo, semen, leche materna... Todo lo que tenga demanda. El mercado humano de remates está repleto de géneros codiciados por quienes tienen dinero pero no salud, o una imperfección de su organismo les hace menos llevadera la vida. Ha habido quien ha llegado a ofrecer un pulmón en Internet por 300 mil dólares.

En Doljevac, un misérrimo pueblo serbio en el que una vez florecieron las industrias del tabaco y la producción agricultura, la debacle ha llegado al extremo que los lugareños intentaron hace poco registrar una agencia para vender sangre y órganos al extranjero y recuperar de esta manera algo de su antiguo esplendor económico, pero el gobierno se los impidió.

Como la venta de órganos está penalizada por la ley en la mayoría de los países y llegado un punto las transacciones se llevan a cabo de forma enmascarada, es difícil hacerse una idea exacta de su magnitud. Pero Organ Watch, un grupo dedicado a vigilarlas desde Berkeley, en California, estima que cada año se venden ilegalmente en el mundo no menos de 15 mil a 20 mil riñones.

Desde que asomó la crisis, no han dejado de aparecer en Internet ofertas de gente desafortunada que pone en venta alguna víscera para poder pagar sus deudas con los bancos, y son frecuentes anuncios como este: “Vendo riñón para pagar hipoteca”, como el de un español que tras aclarar que no cobraba ni beneficios por desempleo ni recibía ayuda del gobierno, tampoco tenía ya ganas de vivir.

Si quiere convencerse por sí mismo escriba en el buscador de Google “venta de riñón” y verá lo que le digo. También, aquí, en Estados Unidos, donde la justicia castiga a los que venden sus partes con penas de hasta cinco años de cárcel y $50 mil de multa, puede uno toparse con una oferta en el bazar en la red informática de Craiglist. Y eso que los americanos se toman con pulcritud anglo y meticulosidad sajona todo lo que tiene que ver con el trasiego de órganos y donaciones.

Para los escrupulosos, con todo lo que pueda tener de humanitaria la donación de pene o de hígado de un cadáver, haya mediado dinero o no, el tema del trapicheo de tripas sigue siendo tabú. Y la mayoría de los estudios indican que las dos terceras partes de la gente no quiere ni mencionar el asunto. La mitad, porque son reacios a hablar del tema. Y la otra mitad porque temen llegar de urgencia a un quirófano siendo donantes y que los médicos no se esfuercen, todo lo que pudieran, por salvarlos.

A mí me da igual, siempre que el altruismo del donante sea a toda prueba y no ande involucrado con alguna billetera. Lo macabro es que haya gente que tenga que trucidarse por partes y cederles sus tripas a otro dueño para poder alimentar a la familia.

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