Un edificio de cemento ubicado en medio de la colonia Roma, en la Ciudad de México, esconde en su interior una pequeña librería que bien podría ser la que descubrió en su día Bastian Baltasar Bux, el protagonista de La historia interminable, la novela fantástica de Michael Ende.
El Burro Culto, propiedad de Max Ramos, es un escondite repleto de surrealismo solo apto para adultos con alma de niños. En su interior se vende el linaje de los libros.
Es un espacio clandestino y encontrarlo supone aceptar las reglas del juego. La discreción es máxima. Previa cita telefónica, un empleado de la librería le conduce por las calles de la colonia Roma hasta la puerta de un edificio de vecinos. En su interior, se ubica una de las librerías de viejo más mágicas de Ciudad de México: El Burro Culto.
Una cama con dosel le da la bienvenida a un pequeño departamento laberíntico con techos bajos. Una puerta camuflada de pared gira y el lector espectador se adentra en un lugar repleto de misticismo: la luz tenue, el aroma del papel, los pasillos repletos de historias y objetos que te atrapan… Un decorado único que transporta a mil épocas distintas donde las letras son las únicas protagonistas.
ENCANTAR EL ESPACIO
Max Ramos, de 42 años, nació y creció entre libros en un pueblo llamado Papelitas, en el estado de Puebla.
“Buscaba un espacio muy íntimo y lúdico especial para bibliófilos. Por eso trabajamos en la modificación de muros, jugar con las puertas, encantar el espacio…”, comenta.
Y lo encantaron al máximo. Ramos y sus socios decidieron realizar un acto más que esotérico. Bajo el suelo de madera de una de las salas enterraron un baúl con 50 obras representativas de la literatura mexicana, como Pedro Páramo, de Juan Rulfo, o primeras ediciones firmadas por sus autores. Dentro de unos años, alguien lo encontrará como quien encuentra una momia egipcia.
¿Cómo funciona el intercambio de libros y objetos en esta librería? Max Ramos explica que llega gente de todo tipo. “Por ejemplo, llega un señor que dice ‘mi abuelo me dejó en herencia un códice y vengo a ofrecérselo’. Nosotros analizamos si está en buen estado y vemos si lo adquirimos o no”.
LIBROS CON PEDIGRÍ
Al lugar llegan personas que ya lo han comprado todo, comparte el dueño de El Burro Culto, pero les agrada el espacio y vienen a sentirse a placer.
“Vendemos el linaje de los libros. A veces los libros vienen de tragedias. Por ejemplo, compramos la biblioteca de un político muy conocido que se suicidó en Estados Unidos”, comenta Ramos.
El tipo de persona que acude suele estar movida por la curiosidad. La gente busca una primera edición, un libro firmado por su autor y que tenga pedigrí. Con su compra necesita conocer algo más sobre la historia del libro.
El pasado de Max Ramos también es muy literario. “Crecí en orfanatos y, como era tímido, me enclaustré en la biblioteca de uno de los hospicios que era antiquísima. Yo le quité todo el polvo a ese lugar”, comparte.
Más adelante se dedicó a visitar barrios con tradición librera y fue armando su colección particular. Entre las joyas que se pueden encontrar: Las trampas de la fe, de Octavio Paz, en su primera edición; una botella de coñac de hace un siglo a 8,000 pesos. Varios códices; objetos kitsch de coleccionista, como una serie de luchadores; máquinas de escribir; un piano; marionetas con historias dramáticas... .
No todo está en venta y echar a volar la imaginación depende de la persona que ingrese.
LIBRERÍA HOTEL
Uno de los sueños de este librero es convertir la biblioteca en un hostal para bibliófilos, una librería anticuaria que ofrezca hospedaje. Una de las habitaciones guarda una cama para ir probando el sentimiento de tener un libro manuscrito entre las manos y dejarse llevar. Si alguien le ofrece una colección de máquinas de escribir, la compra, confiesa Max Ramos.
“El oficio de librero tiene que tener ese juego, si no te conviertes en un vendedor equis. En un chacharero”, asegura.
En definitiva, el anhelo de este especialista en dramaturgia, es “vestir las paredes; habitar los espacios como si fueran libros. Como si las habitaciones fueran capítulos; los estantes, páginas. Como si cada libro fuera un párrafo”.
Al salir del lugar, no se sorprenda si le espera Falkor, el dragón de La historia interminable.•




























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