Para el libro entrevistaste a muchísima gente. Hay declaraciones de la familia, amigos, ex managers y hasta del carnicero...
Quise abarcar todos los círculos que Messi frecuenta. Ir un poco más allá de lo que se ve en televisión los domingos. Si conocíamos la parte interna de él, podíamos extenderla a su parte pública. Messi es muy diferente en ese sentido a Maradona. Quería humanizar al ídolo popular, algo que la televisión no hace.
¿Es muy difícil llegar a Messi?
La verdad que sí. Para hablar con él tuve que esperar nueve meses. Primero tuve que gestionar la entrevista con el club, luego con el manager, y después está el entorno familiar, que no es fácil. Fue un proceso lento.
¿Que hayas hablado sólo una vez con él se debe a lo burocrático que es pautar una entrevista ?
Sí y no. Podría haberlo hecho de nuevo, pero me di cuenta de algo que a otros colegas también les sucedió: Messi sufre en las entrevistas. Y no quería que sus palabras lo limitaran a él. Lo mejor era centrar ese esfuerzo de producción en querer hablar con su entorno más cercano. Creo que es la mejor manera, ya que nadie puede contarse bien a sí mismo. Hay una declaración muy peculiar del periodista inglés John Carlin, que publicó un perfil de Messi unos días antes de que yo empezara con el mío: “He entrevistado a Messi en dos ocasiones, y si me ofreciera una tercera posibilidad de hacerlo, respondería cortésmente que no; no, gracias. Tiene poco sentido sentarse a hablar con él y exigirle palabras de autorreflexión”.
En el titular de la revista Time que afirma que Messi es el mejor jugador del mundo pero en su país todavía le cuesta ser aceptado, y en el apoyo que recibió de un club extranjero para que pudiera llevar adelante su tratamiento de salud, hay una paradoja muy latinoamericana.
Hay una frase de Martín Caparrós que me parece acorde: “La mayoría de los argentinos universales tuvieron que dejar de ser argentinos para serlo”. A Messi se le pone a prueba su argentinidad. En ese sentido es lo opuesto a Maradona que presesenta otro lado de América Latina: la figura del caudillo. Messi, en cambio, es un líder silencioso. Además jamás tuvo un pasado público en su tierra: Messi se fue a los 13 años de la Argentina siendo un desconocido. La obra social y la mutual que financiaban las dosis de somatotropina sintética que Messi necesitaba para crecer dejaron de pagar el remedio. Su única salida fue irse del país, el autoexilio.
¿Crees que eso le pesa a Messi?
Sin dudas. Eso es una cuenta pendiente. La hermana de Messi lo define como a un chico tumbado en un sofá deprimido cuando a la Selección Nacional no le va bien. Messi sufre cada derrota. Pero creo que hay algo mayor y es lo que a él se le exige: en Argentina quieren que Messi ocupe el lugar de Maradona, algo imposible, empezando por el contexto político y social que vio a Diego (Maradona): la década del 80 y el inicio de la democracia en el país. Maradona fuera del fútbol también tiene personalidad y Messi fuera de la cancha es muy callado. Su relación con los argentinos no es fácil por lo fuerte que todavía es la figura de Maradona.
¿Cómo es la relación entre ellos?
Messi siempre dijo que Maradona era su ídolo. También Maradona ha tenido gestos con él: en el mundial él decide que le den la cinta de capitán del equipo. En ese rito hay una voluntad de hacer oficialmente la sucesión. Messi se siente bien por ese gesto, pero por otro lado siente mucha presión, ya que se le exige que sea un líder estridente.
La vida de un deportista es relativamente corta. ¿Messi tiene conciencia de eso?
Es curioso, en el último Mundial, cuando termina el partido, un periodista chino le hace una sola pregunta y es qué tenía pensado hacer cuando terminara su carrera. Y Messi se queda en silencio, mudo. No sabe qué decir. Messi es muy joven, tiene 24 años, y para él no hay nada más allá del fútbol. Algo que es lógico: qué chico de esa edad sabe qué hará en unos pocos años. Pero la pregunta Messi no la pudo responder. •



























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