Olga Connor

OLGA CONNOR: ‘Linden Lane Magazine’: compendio de la cultura cubana

 

El índice de este ‘ Linden Lane Magazine’ es una serie de joyas de la literatura c

Especial/El Nuevo Herald

En 1982 Belkis Cuza Malé tenía $5,000 de una Beca Cintas que le habían otorgado el año anterior, y ella usó ese dinero para fundar la revista Linden Lane Magazine. “Pero trabajaba en cosas tan ilusorias como vendiendo desde mi casa los productos Shakle -magníficos y muy caros-, lo mismo las vitaminas que los de belleza”, escribe en su prólogo a la revista aniversario.

Uno de sus clientes era Reinaldo Arenas. El venía desde Nueva York a comprarle el champú y el acondicionador de pelo. “Me parece estar viéndolo mientras se peinaba con aquel ‘tridente’ que usaba la gente negra para peinarse los ‘afros’, entonces ya casi pasados de moda. Y por esa coquetería que no parecía exhibir, llegó Reinaldo a Linden Lane Magazine. Es decir, la idea de incorporarlo a la revista surgió precisamente a partir de sus visitas en busca del champú”.

¿Habrá locuras más sublimes que las que cuenta Cuza Malé? Arenas estuvo por unos dos años de consejero editorial, pero explica ella que él se quejaba de la “despolitización” del “magazine”. Es cierto que yo había oído a Heberto Padilla y a Arenas en una misma conferencia en la Universidad Internacional de la Florida -¿fue en 1980?-, y Arenas daba la impresión de ser un agitador, mientras que Padilla parecía más sosegado. Aunque ambos habían sufrido horriblemente en la Cuba de Castro.

Cuza Malé nos habla sobre la raíz del título de su revista: “Lo primero que decidí fue el nombre de la revista. Y escogí el de ‘Linden Lane Magazine’ llevada por el embriagante nombre de la calle donde vivíamos. Frente a nuestro jardín estaba aquel árbol de tilo (‘linden’) que se alineaba junto a otros de la misma especie, a lo largo de toda la calle, formando parte de las ‘tree streets’, como se les conocía, junto a la de Walnut, Maple, Chesnut, Pine, etc., y que desembocaban en la calle Nassau”.

“Las primeras colaboraciones llegaron mecanografiadas, como era entonces habitual, y fueron pedidas directamente por Heberto y por mí”, escribe Cuza Malé, quien lista alfabéticamente los primeros autores que aparecieron en el número 1 del Volumen I, que yo quiero copiar aquí textualmente, porque me parece que esa lista tiene el valor infinito de las genealogías del Antiguo Testamento, un momento culminante en la historia literaria del exilio: “Orlando Alomá, Armando Alvarez Bravo, Juan Arcocha, Reinaldo Arenas, René Ariza, Antonio Benítez Rojo, Guillermo Cabrera Infante, René Cifuentes, Vicente Echerri, José Kozer, Enrique Labrador Ruiz, César Leante, Rogelio Llopis Fuentes, Carlos Franqui, Reinaldo García Ramos, Roberto Madrigal- Ecay, Yolanda C. Martin, Alberto Martínez Herrera, Heberto Padilla, Ricardo Pau-Llosa, Jorge Posada, Bertha Sánchez Bello, José Triana, Roberto Valero, Carlos Verdecia Cabañas, Carlos Verdecia y Belkis Cuza Malé. Estaban también los que ilustraban el número: Ana Flores-Jenkins, Alejandro Anreus, Joan Miró, Chino López, Gabriel Warren (el hijo del poeta Robert Penn Warren), Belkis Cuza Malé y Ernesto Padilla”.

Cuza Malé pudo hacer este número de ahora, confiesa, porque siempre cargó consigo, en cada una de las más de 10 mudanzas, sus archivos y libros, sus alegrías, temores e incertidumbres, “por el hecho mismo de vivir en el exilio”, y, sobre todo, soñando con una “Cuba libre y democrática”. El índice de este Linden Lane Magazine del trigésimo aniversario es una serie de joyas de la literatura cubana de las que hablaremos en la próxima entrega. • 

olconnor@bellsouth.net

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