Ahora que comenzó oficialmente la campaña electoral en Venezuela muchos venezolanos compartimos un sentimiento de frustración por haber descubierto que la enfermedad de Hugo Chávez fue una estrategia castrocomunista al mejor estilo de su creador, Fidel, que ideó la ficticia enfermedad terminal del presidente venezolano, lo que evidentemente permitió la creación de una matriz de opinión generalizada alrededor de la figura mítica de Chávez que sensibilizó a todos.
Los Castro son los principales creadores de ese sentir colectivo de lástima que siente la mayoría de la población venezolana, y en particular aquella que sigue fervorosamente a su mesías.
¿Cómo hicieron? Fácil. Con la supuesta enfermedad generaron un sentimiento de “justicia divina” que le proporcionó a la oposición una esperanza de poder salir del dictador a corto plazo.
La evidencia se observa en las multitudinarias movilizaciones que ha escenificado en cada ciudad de Venezuela donde se presenta Henrique Capriles y donde se observa una sensación triunfalista que se contagia y suma adeptos, ya que parece privar en todos el axioma de que un Chávez muerto no tiene sustituto que le pueda ganar a Capriles.
Es doloroso reconocer que uno también cayó en esa trampa y me duele más saber que Chávez se reía de uno mientras disfrutaba un descanso en las playas cubanas a cuenta de su supuesta enfermedad, y después de más de trece años sin tomar vacaciones.
La ausencia del líder del socialismo del siglo XXI le permitió a los anillos del G-2 cubano observar y estudiar con mayor precisión el comportamiento de los rojos y líderes opositores, en medio de un supuesto limbo en el gobierno por la ausencia de Chávez.
Ya el plan B del gobierno chavista está en marcha y se trata del aumento de sus exposiciones en público desde el pasado mes de junio.
Su presencia y palabras ahora en cada acto político o cadena de radio y televisión cobran más importancia para el pueblo ignorante, que comienza a entender la reaparición de su líder como un milagro.
En la medida que se vaya aproximando la fecha electoral, sus apariciones serán mucho más seguidas y con mejor semblante, eliminando definitivamente las aplicaciones de esteroides que lo hacían ver enfermo y debilitado.
Un mes antes de las elecciones, Chávez seguramente lucirá más enérgico que nunca. A partir del 8 de octubre ya nadie hablará de la enfermedad, y el objetivo habrá sido logrado a la perfección, sin que a nivel internacional a alguien se le ocurra pensar que todo fue una pantomima elaborada por el anciano Fidel.
La dirigencia de oposición reconocerá la victoria del caudillo, como ya ha sucedido en otras ocasiones, puesto que no tiene mayoría ni control sobre la directiva del ente electoral, permitiendo que millones de ciudadanos venezolanos de a pie entren en cólera y agónica frustración, sin poder hacer nada al respecto.
Los Castro entonces estarán muertos de la risa en La Habana, igual que el grupo de venezolanos que rodea estrechamente a Chávez, y que siempre tuvo pleno conocimiento de la patraña.
Periodista venezolano, presentador de Mega TV.




























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