Es triste ver como nuestra juventud se olvida de lo grandiosa que es nuestra nación. Yo nací en Cuba pero escogí con mucho orgullo convertirme en una ciudadana americana. Tuve cuatro hijos nacidos aquí y un sobrino el cual desde pequeño se sabía que sería un soldado americano. Hoy ha sido condecorado y ahora se nos marcha por tercera vez a Afganistán. Y cuando lo escucho hablar con tanto orgullo sobre su país, me pregunto: ¿Por qué otros jóvenes no se expresan así?
Mi sobrino no ha probado la droga, nunca ha estado involucrado en nada ilegal, ni siquiera en una riña callejera. Siempre se le ve derecho, tratando a los otros ciudadanos con cortesía. Sirvió en un portaaviones en la Marina de Guerra, en las Fuerzas Aéreas, y donde lo llamen para servir como bombero, electricista, trabajando en un laboratorio médico, o simplemente arriesgando su vida en combate. Si los padres recordaran aquellos tiempos de los años 40 cuando los americanos se sentían orgullosos de su país. Y sí, cometimos el error de la guerra de Vietnam, pero gracias a esa guerra estamos perdiendo nuestro orgullo y no quiera Dios que perdamos nuestra libertad. Saquemos a nuestra juventud de la calle pues los jóvenes son el futuro de sus países, enseñémosles de nuevo que es importante decir: nací en los Estados Unidos de América.
Dedicado a mi sobrino José y a mi hijo Juan Jr.
Y a todos los veteranos que lucharon por mantener nuestra libertad.
Mireya E. Cisneros-Paneque
Miami





























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