Apenas llega julio me pongo a comprar servilletas, vasos, platos y manteles desechables en blanco, azul y rojo para comenzar este mes que tanto me gusta. Hace años que me di cuenta de que al ver el calendario en esta fecha, eso me recordaba, quizá como le recuerda a usted que me lee, que los hispanos en los EE.UU. llevamos a este país tan profundo en el alma, que sentimos las fiestas de independencia tanto o más que los nacidos aquí.
Me encantan los barbecues al aire libre y el reto que significa crear los mejores hot dogs y las mejores hamburguesas que dejen a los invitados con la boca abierta.
Me pongo a inventar, cual empírica chef, mis combinaciones; mi favorita: mezclar mostaza, cebolla sofrita previamente y ketchup con la carne, pero desde que en la casa ya no están mis hijos, no me preocupa preparar las fiestas de independencia, y en realidad gozo con las invitaciones que me hacen para ir a casa de mis amistades, esas anónimas que hacen las mejores fiestas con el corazón.
Pero la fecha, a la vez que me encanta, también me llena de nostalgia. Recuerdo cómo Fabio gozaba este día. Desde días antes parecía niño buscando en el periódico los sitios para observar los fuegos artificiales que tanto le gustaban y generalmente escogía el mejor y nos divertíamos. En su breve vida, con la década y media que pasó en el exilio, aquí hizo su sueño americano y por tanto cada 4 de Julio para él era como si fuera su cumpleaños.
Si bien en México las fiestas de independencia son faraónicas, recuerdo que de niña solo fui a unas cuantas, y eso a regañadientes, porque aquellas multitudes que me asustaban. Pero ya adulta y aquí en los Estados Unidos, fue cuando encontré la esencia de por qué festejar.
Así que con Fabio al lado, nos convertimos en expertos entre aquellos cientos que cada año se unen en torno al campo de golf del Hotel Biltmore, y en cada ocasión perfeccionaban cómo llegar primero y tener el mejor lugar; cómo observar aquel concierto iluminado y cómo gozar aquellos rayos de luz instantáneos mientras las bandas sonaban con marchas alusivas. Un nudo en la garganta y las lágrimas nos hacían pensar en este país que nos ha dado lo que el nuestro por diversas razones no pudo darnos.
Luego de su partida, cada 4 de Julio me dolía tanto que prefería trabajar e ignorar la fecha. Pero como bien dice el refrán: no hay enfermo que viva 100 años, ni nadie que aguante eso, casi seis años después, solo tengo los recuerdos y por primera vez puedo hablar de aquello, pero no dejo que la nostalgia me embargue. Así que disfrute, disfrute mucho de este feriado de independencia, pero solo un favor: en medio de la fiesta piense en nuestros soldados que están a la distancia en los frentes de guerra. A fin de cuentas es gracias a ellos que este 4 de Julio todos nosotros, usted y yo incluidos, podemos ir al barbecue. •























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