La España tan querida por los cubanos está naufragando. Se terminó la fiesta de “vinos y rosas” que se vivió con delirante derroche por largos años. Los fondos de subvención de la Unión Europea, provenientes de los países de alta eficiencia, principalmente Alemania, están bajo estricto control, que han generado un confuso sentimiento de humillación. España ha tenido que pedir un rescate bancario, o como se le quiera llamar, para mitigar la crisis.
¿Qué pasó? Sencillamente llegó la hora de poner fin al despilfarro. La culpa se multiplica y toma matices ideológicos. Es evidente que la sociedad española perdió el contacto con la realidad, se dejó arrastrar por el ancestral sueño de grandeza, se entregó al delirio de la fiesta pero por sobre todo, se creyó rica, cuando vivía del dinero prestado.
España se hunde en la criminal codicia bancaria de la burbuja inmobiliaria y sus hipotecas tóxicas. España se hunde porque malgastó el presupuesto en la corrupta burocracia y en un incosteable estado de bienestar social. Se hunde porque tiene un bajo nivel de productividad, que es el indicador de eficiencia definido como la relación entre el resultado y el tiempo que se utiliza para obtenerlo.
Existen notables diferencias en el nivel de productividad de los países que integran la Unión Europea. En Grecia, la producción laboral por hora alcanza el 20.3; en España el 30.7; en Alemania el 43.1, y en Holanda el 46.7. Está claro que con ese bajísimo nivel de productividad, Grecia no puede pagar la deuda y su salida de la Unión Europea está marcada a corto plazo. En efecto, más del 87% de los alemanes piensan que los cientos de millones de euros prestados a Grecia es dinero perdido.
Con razón España vive una fuerte sensación de incertidumbre y catástrofe. Más del 90% de los españoles temen que la inevitable ruina de Grecia aumentará el nivel de la crisis en España por el contagio negativo. ¿A dónde va a parar el desastre de la economía? ¿Cuántos años tomará la solución? ¿Cuál será el costo humano en necesidades vitales? ¿Se pondrán de acuerdo los españoles para implementar las urgentes reformas en el tejido de la economía y hacer juntos, el renacer de España? El tiempo dará las respuestas pero hoy el panorama económico es peligroso. La delirante fiesta del despilfarro se terminó. Ahora duele mucho la terrible humillación del rescate y el desplome de la calidad de vida.
Según los datos del Registro Mercantil (2010), las empresas españolas tardan 105 días en pagar las facturas de sus proveedores. Más de los 85 días establecidos por la ley y los 75 días que fijó la Unión Europea. En el devastado sector de la construcción, la demora es de 253 días (más de 8 meses). Números nada atractivos para estimular la economía.
¿Están los españoles conscientes de la magnitud del naufragio? Tal vez algunos, pero la violenta reacción de los mineros de Asturias y León, exigiendo lo que esa industria no puede pagarles sin la subvención de la Unión Europea, es un indicio de que hay sectores que aún no entienden o aceptan la enorme dimensión del desastre.




























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