Hicieron falta tres citas distintas y varias horas de espera para lograr hablar con ella, pero el esfuerzo bien valió la pena. Es que decidida a competir de igual a igual con The Amazing Spider Man y Savages en una semana cinematográfica en la que si algo sobran son grandes estrenos, Katy Perry se ha pasado largas horas promocionando Katy Perry: Part of Me en 3D, que combina momentos inolvidables de los 124 conciertos que dio el año pasado con un retrato de su vida cotidiana en tono decididamente documental.
La idea para la película surgió por varias razones, explica la cantante. Para empezar, me fascina Madonnas Truth or Dare. Desde que la vi me quedé enamorada de esa película porque fue una maravillosa revelación de quién es ella como ser humano y yo quería compartir algo similar con mis fans. La idea surgió mientras hacía el tour, porque fueron 124 fechas alrededor del mundo y yo sentía que tenía que documentar esa experiencia de alguna manera porque sabía que o iba a ser el mayor éxito de mi vida o me iba a volver totalmente loca.
Katy Perry: Part of Me explora la rígida formación religiosa de esta hija de dos pastores evangelistas que se crió en Santa Bárbara, la ciudad colonial ubicada a una hora y media al norte de Los Angeles, su fascinación por la música desde muy temprana edad y sus reiterados fracasos comerciales antes de transformarse en la gran sensación del pop, pero sin dudas lo que llama la atención es cuánto tiempo le dedica a la relación que mantuvo con el actor británico Russell Brand y que terminó abruptamente en divorcio a finales del año pasado. En realidad en el filme no divulgo detalles, ni ninguna instancia o situación en particular, pero yo no podía evitar el tema. La audiencia se habría marchado de la sala sintiendo que faltaba algo o que había algo raro porque si lo que estoy proponiendo es una instantánea de lo que fue mi último año, ése fue un tema esencial. Emocionalmente estuve en una montaña rusa, con un par de caídas muy fuertes. Lo importante es que pude superar todos los obstáculos y ése es el tema central del filme. Queda claro que también sobreviví a los obstáculos en mi infancia, y a los sellos discográficos que querían transformarme en la nueva Kelly Clarkson, la nueva Ashlee Simpson o la nueva Avril Lavigne, cuando yo simplemente quería ser yo.
La cantante, que decidió cambiarse el nombre Katheryn Elizabeth Hudson porque se parecía demasiado al de la actriz de cine, finalmente logró imponer su propio estilo de música, que acompañado de llamativos atuendos, pelucas de colores extraños y un rostro celestial se han convertido en algo que hoy es verdaderamente inconfundible. Sé que a veces parezco un personaje de historieta cuando aparezco en el escenario, reconoce. El color de mi cabello es también una manera de expresarme. Sé que es una forma curiosa de divertirme, pero no es algo que le recomiende a todo el mundo. Si quieren teñirse el cabello siempre tienen que hacerlo con un profesional. Yo tuve que pasar lentamente del negro al rosa, que fue mi primer color extravagante, pero siempre queda la opción de ponerse una peluca. En cualquier caso, creo que si hay algo que me distingue es el sentido del humor. Es que la vida es demasiado dura si uno no se ríe. Pero aunque el color y el humor son importantes en todo lo que hago, la conexión con la gente está en las canciones. La gente se identifica con lo que digo y por eso las han convertido en sus favoritas.•




























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