El cine español no tiene tendencia hacia la ficción científica y el repertorio de fantasía interespacial brilla por su ausencia. Por eso, cuando se atreve un director como Nacho Vigalondo, el resultado llama la atención más allá de las fronteras ibéricas, como en el caso de Los cronocrímenes ( Timecrimes), donde Karra Elejalde y Bárbara Goenaga cosecharon elogios por toda Europa, mientras que los Goyas de Madrid los ignoraban.
Vigalondo no acepta la derrota y vuelve por la picada con Extraterrestre, un filme de intensidad demencial que parece del otro mundo cuando en realidad prefiere hurgar en las circunvalaciones de madrileños cerebros. Es posible verla con total fascinación y llegar al final sin la más remota idea de lo que hemos visto.
En una cama despiertan, tras aparente borrachera con sexo, Julia (Michelle Jenner) y Julio (Julián Villagrán), sorprendidos de tener igual nombre (al parecer nadie los ha presentado aunque durmieron juntos). No hay teléfonos ni electricidad, pero una pantalla del televisor anuncia la llegada de extraterrestres del título. Salen al balcón y ven enorme nave interplanetaria, de las que informan se han posado unas treinta y pico en el territorio de España.
Julia tiene un vecino llamado Carlos que se entretiene sospechando de que el no identificado Julio es uno de los invasores del más allá, pero otro vecino está poniendo bombas en la cuadra donde viven, un recién llegado de El Escorial, de donde vino a pie en un trayecto de ocho horas. Lo que une a estos supuestos madrileños en la Gran Vía es el temor de la falta de identificación entre los de verdad y los de mentira.
Vigalondo te mantiene prendido del misterio durante 93 minutos al final de los cuales se sientan en una azotea a mirar el enorme aparato en el horizonte. Los cuatro actores son tan buenos que uno se pasa todo ese tiempo mirándolos sin saber quiénes son, de dónde vienen y adónde van.•




























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