Julio Calderón recibió la noticia por mensaje de texto mientras estaba todavía en clases. Pronto lo cegaron las lágrimas.
El anuncio del mes pasado del presidente Barack Obama de que muchos estudiantes y miembros del servicio militar que son inmigrantes indocumentados ya no tendrían que enfrentar una deportación y podrían trabajar legalmente en Estados Unidos representó una pequeña victoria en cuatro años de abogar y cabildear en nombre de sus compañeros de clase.
Como estudiante organizador del grupo Students Working for Equal Rights (Estudiantes que Trabajan por la Igualdad de Derechos), Calderón pasó innumerables horas cabildeando en el Congreso para que aprobaran la legislación conocida como DREAM Act. Pero incluso en el momento en que sus esfuerzos dieron fruto para sus compañeros estudiantes, el sueño personal del inmigrante hondureño sigue sin cumplirse: Calderón no es elegible para el nuevo cambio de política porque entró ilegalmente al país dos meses después de cumplir los 16 años.
Yo salí de la de la clase sintiéndome feliz de que todo nuestro trabajo en los últimos años había valido la pena, dijo Calderón, de 23 años, tras el anuncio de Obama.
Días después, admitió lo que ya sabía durante años: Hay muchas personas que llevan años luchando por esto y se quedarán fuera, como es mi caso.
No obstante, él sigue siendo un firme partidario de la Ley DREAM Act. Durante las últimas dos semanas, Calderón ha celebrado sesiones informativas en el recinto Wolfson del Miami Dade College para estudiantes indocumentados de secundaria y college que quieran solicitar el nuevo estatus de protegido.
La medida, conocida como acción diferida, protegerá a unos 800,000 inmigrantes indocumentados de ser deportados y les permitirá pedir permiso de trabajo. La medida se aplica a los que llegaron al país antes de cumplir los 16 años.
Pero existen potencialmente cientos de miles de otros jóvenes inmigrantes indocumentados que viven en el país cuyo destino seguirá en el limbo. Estos son jóvenes inmigrantes que, como Calderón, fueron traídos al país después de los 16 años, o que llegaron siendo pequeños pero llevan más de 15 años en el país y ahora tienen más de 30, el punto límite para la eligibilidad.
Muchos de estos jóvenes inmigrantes, conocidos como DREAMers (Soñadores), llevan más de una década urgiendo al Congreso a que apruebe legislación que les permitirá un camino a la ciudadanía, de modo que ellos tengan acceso a becas y trabajar legalmente al país. Ahora, estos individuos se quedan fuera debido a los límites de edad.
Se desconoce el número exacto de personas en esta categoría específica porque muchos de ellos no tienen papeles, pero expertos en inmigración estiman que la cifra es probablemente tan alta como la de los que ahora quedan protegidos. Se estima que hay 11.2 millones inmigrantes indocumentados viviendo en Estados Unidos.
Aunque muchos activistas tanto conservadores como liberales están de acuerdo en que la reforma de inmigración era necesaria desde hacía mucho tiempo, la mayoría se muestran cautelosos, si no críticos, en cuanto al cambio de política.





























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