Madrid – El este es rojo, es el título de la canción que dejó afónico a Raúl Castro durante un banquete de celebración y nostalgia maoísta con el presidente chino Hu Jintao, esta semana, en Pekín. El brindis, la armonía de los dirigentes y los convenios suscritos entre los dos países, revelan que se le quiere acentuar también un color a los cuatro puntos cardinales y al futuro de Cuba: el negro.
La actualidad cubana es sombría y apunta hacia esos mismos tonos con cenefas grises, pero el cumplimiento de esos pactos –sin cifras públicas, sin detalles del intercambio y sin letra pequeña– con China, y los que se suscribirán con los camaradas de Viet Nam, podrán dar la mano final de betún y meter al país de cabeza y con todas las formalidades de la ley en el capitalismo, entre salvaje y caricaturesco, que han implantado los conductores del proletariado en Asia.
La zona más oscura y siniestra que se puede vislumbrar, si los gobernantes cubanos asumen esa ruta definitiva, está destinada a los opositores pacíficos, a las Damas de Blanco, los periodistas independientes, los bibliotecarios, los blogueros, los jóvenes artistas irreverentes y a los ciudadanos que aspiran a vivir en una democracia verdadera.
La experiencia en aquellas naciones asiáticas indica que los comunistas, ante el fracaso del socialismo real, decidieron promover un capitalismo bestial de mercado, al tiempo que elevan todos los días, a niveles bárbaros, la represión, los controles sobre la prensa y la violación de los derechos humanos.
Uno de los ejemplos señeros de esa asunción de lo más negativo de los dos sistemas la describe con lucidez el gran artista chino Ai Weiwei, perseguido, encarcelado y agobiado por los poderosos de su país. El hombre dijo hace poco que “lo que pasa en China no es capitalismo ni socialismo, es corrupcionismo”.
Weiwei, fotógrafo y escultor, un conocedor de la vida en su país, cuenta que los casos de abusos no se publican en la prensa y que se vive en medio de un híbrido incierto cuyo destino inexorable es que algún día haya una implosión social de los ciudadanos.
Las denuncias no cesan. Y las instituciones que monitorean los acosos y ultrajes en China señalan que se mantiene vigente una campaña contra la disidencia que “ha llevado a la detención ilegal de cientos de personas”. Se equipara esta persecución con las que “ejerció el gobierno tras protestas prodemocráticas de la plaza de Tiananmen en 1989, que terminaron en una masacre”.
En caso de que, en efecto, el grupo de poder en Cuba vaya a asumir sin caretas ni disimulos la vía de los chinos y los vietnamitas, sólo tiene que aplicarse en las estructuras del capitalismo feroz. El acápite represivo, el que viene de la herencia socialista, ya está adelantado y en plena función.
Además, me dijo anoche una amiga desde La Habana, el este será rojo, pero aquí a la gente le gusta el azul.





























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