La región de La Rioja no necesita prácticamente presentación. La notoriedad de esta tierra vitícola por excelencia trasciende las fronteras de España y se expande por todas las mesas de comensales en el mundo que aprecian la calidad de sus excelentes vinos. No por ser la más pequeña de las comunidades autónomas españolas está exenta de un rico pasado artístico y cultural diseminado por toda la zona, cuyos límites son el País Vasco y Navarra al norte y Castilla-León al oeste y al sur.
La identidad riojana está marcada por la pertenencia de esta tierra tanto a los monarcas navarros como a los castellanos. Sin embargo, el hecho de que el camino de Santiago o ruta jacobea pase por el corazón de la región resultó determinante para su auge económico desde la época medieval.
El centro neurálgico de las actividades económicas e intelectuales es, sin duda, Logroño, ciudad que a simple vista nos parece desprovista de encantos dado lo mucho que se ha construido y modernizado desde que la industria vitícola convirtiese a la región en motor económico de todo el país. En Logroño, bañada por las aguas del río Ebro, la Concatedral Santa María de la Redonda fue erigida en el siglo XV y atesora una importante estatuaria, amén de su célebre fachada en forma de retablo, concebida posteriormente en estilo barroco por arquitectos del siglo XVIII. En el casco histórico logroñés, la ruta jacobea marca hitos esenciales de la peregrinación. Entre estos se encuentran la Ruavieja, la iglesia de Santiago (siglo XVI) y la Fuente del peregrino. No lejos de ahí, el Palacio de Espartero, de estilo neoclásico, acoge las colecciones didácticas del Museo de La Rioja, síntesis de la arqueología, etnografía y arte locales.
Quienes tengan tiempo para recorrer los alrededores de Logroño, no deben perder la oportunidad de visitar a Clavijo, un pequeño pueblo de aspecto medieval situado sobre un promontorio del que afloran las murallas y baluartes del castillo medieval. Incluso Laguardia, capital de la llamada Rioja alavesa, tiene un casco antiguo que está completamente rodeado de murallas que protegían, en tiempos inmemoriales, los tesoros artísticos del pueblo, entre los que se encuentra la iglesia románico-gótica de San Juan Bautista, así como la renacentista de Santa María de los Reyes, de bellísima portada policromada.
Siguiendo la ruta jacobea a partir de Logroño es inevitable visitar los pueblos de Navarrete, Nájera y Santo Domingo de la Calzada, con los monasterios que se encuentran en sus parajes campestres. Navarrete, el primero de los mencionados, exhibe a lo largo de su Calle Mayor (alta y baja) gran cantidad de casas palaciegas en cuyas fachadas sobresalen los escudos de piedra que delatan el pasado caballeresco del pueblo y su importancia estratégica como punto fronterizo entre los antiguos reinos de Castilla y Navarra, así como etapa importante del camino de Santiago. Sorprende su imponente iglesia de la Asunción, con torres de estilo herreriano y suntuoso retablo dorado que se imbrica, monumental, en las bóvedas del altar mayor. La iglesia también atesora el admirable tríptico del flamenco Ambrosius Benson, concebido en el siglo XVI.




























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