El de procurador del estado es uno de esos cargos públicos en todo el condado que es de alto perfil y está en la mira de todos los vientos políticos, criticado por ser demasiado duro con los jóvenes y los tontos, o demasiado suave con los delincuentes. Pero nunca, nunca, “ha tenido un espacio en blanco en una boleta de elecciones generales operada para cerrar una primaria por el cargo en el estado de la Florida en la que el ganador se lo lleva todo”.
Así dice la demanda de medidas cautelares y declaratorias presentada por los abogados de los votantes de Miami-Dade Vincent J. Mazzilli, que no está afiliado a ningún partido político, y Armando Lacasa, inscrito como republicano. Ambos han presentado una demanda federal contra la supervisora de elecciones de Miami-Dade, Penelope Townsley, la acusada accidental en el más reciente caso de candidatos agregados que niegan perversamente la voluntad del público y los derechos civiles.
Como votante independiente, sin afiliación, durante los pasados 20 años o algo así, clamo que se haga justicia y que esta primaria demócrata entre la fiscal estatal Katherine Fernández Rundle y Rod Vereen sea abierta para los casi 1.3 millones de votantes de Miami-Dade. De lo contrario, solo los demócratas (43 por ciento de todos los votantes del estado) tendrán voto: todo gracias a la manipulación de candidatos agregados que no tienen que recaudar un centavo para pagar la cuota de inscripción o reunir firmas para “ganarse” su pequeño espacio en blanco en la boleta electoral general.
Estos candidatos fantasma —que en ocasiones aspiran en favor de uno de los candidatos en una primaria, que ve mejores oportunidades de salir electos con menos votantes en condición de escoger— nunca consiguen más que un puñado de votos (según los registros de votación que se remontan a hace 25 años, ¡menos de un tercio del uno por ciento!) de sus amigos y miembros del plan familiar.
La presencia de sólo uno de estos agregados invisibles —uno raramente los ve en apariciones públicas o recaudaciones de fondos, no ponen letreros de campaña ni responden las llamadas o los correos electrónicos de los reporteros— convierte en esencia una primaria de un solo partido en una elección general. Les están negando a 700,000 votantes republicanos o independientes de Miami-Dade cualquier participación en la elección de procurador. Eso no fue lo que los votantes de la Florida se propusieron en 1998, cuando votaron casi 2 a 1 por primarias abiertas cuando no haya candidato del partido opositor en la elección general.
Allá por los años 80, yo estaba escribiendo columnas en Orlando para presionar a la Legislatura para que abriera las primarias a todos los votantes sin afiliación, como han hecho otros estados. De lo contrario, los votantes sin afiliación estamos obligados a cruzarnos de brazos y esperar por la elección general, a veces demasiado tarde para influir en la decisión. ¡Oh, ya lo sé: soy una soñadora, porque esa cuestión no llegó a ninguna parte en la partidista Tallahassee.
Pero a medida que el número de los votantes sin afiliación comenzó a crecer (ahora, alrededor de 25 por ciento de los votantes de Miami-Dade, 23 por ciento en Broward y 20 por ciento en todo el estado), dio la casualidad de que surgió una señal del disgusto de los votantes en su mayoría moderados hacia los dos partidos principales, los demócratas y los republicanos, que se venden a los intereses especiales en la Florida. La Comisión de Revisión de la Constitución del Estado, que se reúne cada 10 años para considerar las enmiendas a la Constitución de la Florida que deben ser llevadas ante los electores, decidió en 1998 que los votantes deben tener voz en las primarias abiertas cuando no haya candidato del partido opositor en la elección general. Me sentí dichosa con la victoria a medias.

























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