Opinión

ARIEL HIDALGO: El poder detrás del trono

 

Cuando Hillary expuso su plan de salud en su campaña por la candidatura presidencial demócrata, su entonces contrincante, Barack Obama, le criticó el punto de la obligatoriedad para todos los ciudadanos, incluyendo familias de bajos recursos, de comprar un seguro médico. Es irónico que la misma crítica sea usada hoy contra él por los republicanos. ¿Cuál es la diferencia entre el Obama de entonces y el de hoy? Que una cosa es lo ideal, el buen propósito, y otro el mundo real. Hillary, en cambio, tenía ya la experiencia de haber dirigido el frustrado plan de salud de la administración Clinton y sabía que sin concesiones a las poderosas aseguradoras, éstas minarían de obstáculos el terreno que debían atravesar para materializarlo.

Créanlo o no, en política hay gente de buena voluntad, e incluso quienes, en frase de José Ingenieros, “ponen proa hacia una estrella y tienden sus alas hacia tal excelsitud inasible”. Pero aun logrando alcanzar posiciones prominentes, este no es el reino de Ariel, símbolo shakesperiano de la idealidad, sino el de Calibán, símbolo de las bajas pasiones. Tras el trono siempre están los grandes intereses, los de las aseguradoras, los del petróleo y… los grandes bancos.

¿Qué es la propia Reserva Federal? De Federal sólo tiene el nombre que encubría lo que en realidad se instauraba en 1913: un Banco Central que los norteamericanos repudiaban. La ley no fue redactada por legisladores sino por un pequeño grupo de banqueros durante una reunión secreta en 1910 en la isla Jekyll. Ya se conoce que los tres más renombrados magnates que dominaban la reunión estaban siendo apoyados por el imperio financiero internacional de los Rothschild. Ya desde muchos años antes la figura más prominente de esta familia, Nathan Rothschild, había expresado en carta desde Londres donde daba instrucciones a su agente en Norteamérica: “Denme la potestad de imprimir y controlar el dinero de una nación y no me importará quién haga sus leyes”. Como los congresistas rechazaron aquel proyecto-ley, se financiaron las campañas electorales de los dos candidatos presidenciales con mayores posibilidades en la contienda de 1912 a cambio de aprobarla. El ganador, Woodrow Wilson, la promovió en el Congreso y la aprobó, no sin fuertes rechazos. El senador C. A. Lindbergh afirmaba: “Esta ley establece el Trust más poderoso de la Tierra…cuando el presidente la firme, el gobierno invisible del poder monetario será legalizado”. Desde entonces es el único grupo autorizado a imprimir dinero. No lo da de gratis. Lo presta al gobierno federal con intereses que todos debemos pagar de nuestros bolsillos. Una deuda que se paga con el mismo dinero que el acreedor te da y sobre el cual también cobra intereses, no se paga jamás, sino que por el contrario, crece indefinidamente para convertirnos en deudores permanentes.

En el 2008, bajo la doctrina que reza: demasiado grande para quebrar, significando que no se puede dejar quebrar a aquellas empresas que pudieran arrastrar con su caída a otras muchas, los cinco bancos norteamericanos más grandes fueron rescatados con el dinero de los contribuyentes, procedimiento repetido en varios países de Europa. En tanto, una de las pancartas del movimiento Ocupar Wall Street afirmaba que en realidad quien es demasiado grande para quebrar… es el pueblo. Y la pregunta caía por su propio peso: Si la crisis consiste en que la gente no puede pagar sus deudas, ¿por qué no se le dio ese dinero a la gente misma para que las salde en vez de dárselo a los bancos, principales responsables de la crisis? Esta fue la lógica empleada en un caso poco conocido: Islandia. En el 2009 las multitudes, aglomerándose frente al parlamento, forzaron la dimisión de todo el gobierno. Una alianza compuesta por un partido verde y otro socialdemócrata lo sustituyó y en vez de rescatar a los principales bancos, los nacionalizó y procesó a los altos ejecutivos responsables de la crisis, se negó a pagar las deudas con la alta finanza internacional y convocó a una asamblea constituyente por voto directo sin interferencias partidistas. Pese a los augurios fatalistas, Islandia está saliendo adelante ¿Han visto imágenes de estos hechos por televisión? No, porque los grandes intereses no pueden permitirse divulgar un ejemplo tan subversivo. Pero lo subversivo es la propia realidad.

Infoburo@AOL.com

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