Sobre el escrito de mi hermana en Cristo Dora Amador titulado Mi verdadero yo [Perspectiva, 7 de julio], a los nacidos en esa isla indómita nos abruma nuestra vida de exiliados por 50 años. Nos agota llevar años denunciando día tras día la tragedia de Cuba y sentir la indolencia del mundo que nos rodea.
Pero como soy cristiano y franciscano, me sirve de consuelo la tierna devoción a Dios y su hijo. Y me sirve de guía un pensamiento de Juan Pablo II:
“No dejéis que los vínculos de la carne y la sangre, ni el afecto que justamente nutrís por la patria donde habéis nacido y aprendido a amar a Cristo, se conviertan en lazos que disminuyan vuestra libertad y pongan en duda y peligro la plenitud de vuestra entrega al Señor y a su Iglesia”.
Arturo Santiago
Miami



























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