Ninguna dictadura mantiene la hegemonía sin el apoyo de una buena parte de la población ni la complicidad criminal de los individuos que detentan posiciones de poder. Así ha sido en Cuba por los últimos 53 años y en Siria desde siempre. En Cuba, los Castro y su camarilla de históricos de la Sierra Maestra y su descendencia. En Siria, el Partido Socialista Arabe Baath desde 1970, los Al Assad, padre e hijo, sustentados por la minoría alawita y la familia Tlass, líder entre los sunitas locales.
Los alawitas están asentados principalmente en Damasco. Dominan la mayor parte del aparato de seguridad militar y de inteligencia. Son temidos por su ferocidad y falta de escrúpulos. En el supuesto de la caída del régimen, utilizarían su entrenamiento y conexiones para combatir al gobierno que les reemplace. A pesar de ser superados en número por los sunitas, no será tarea fácil relegarles de nuevo a sus lugares de origen, en el noroeste montañoso de la costa mediterránea.
Es interesante observar la reciente separación de la familia Tlass del gobierno de Al Assad, luego de las horribles matanzas de sunitas por parte de los alawitas del régimen, de modo que las facciones se dividen fundamentalmente entre los alawitas de Al Assad y los sunitas locales, incrementados recientemente por islamistas salafistas yihadistas sunitas, y yihadistas transnacionales al estilo Al Qaida, básicamente oriundos del Líbano, Jordania e Irak, respaldados y financiados por Turquía y Arabia Saudita.
Se puede asegurar que luego de la inevitable caída del régimen de Al Assad, Siria experimentará una situación caótica y explosiva por un tiempo considerable, causado por Alpha debido a la desintegración de la estructura del poder en varias pandillas y por su enfrentamiento con las milicias de los grupos resistentes integradas por yihadistas. Estos, a su vez, una vez logrado el triunfo, podrían alcanzar posiciones importantes en el aparato militar y, muy probablemente, las utilizarían para influir no sólo en Siria, sino también en el vecino Irak y el Líbano.
Nadie quiere el caos en Siria. Los turcos enfrentarían por largo tiempo un grave problema de refugiados en su frontera. El Líbano podría convertirse en un campo de batalla dada una intensificación de la guerra civil siria. Los jordanos temen la influencia que puede tener en su país la agitación regional. A los sauditas, les aterra presenciar el derrumbe de un estado árabe importante. A los israelíes les preocupa un estado árabe caótico en su frontera norte. Irak teme que terroristas sunitas podrían penetrar a través de su frontera con Siria. Los rusos necesitan la estabilidad en Damasco para mantener los derechos navales en el puerto de Tartus. Siria e Irán son los dos anclajes que le quedan al Kremlin en el Medio Oriente y no quiere que desaparezcan. Por su parte, los americanos no quieren una situación como la de los Balcanes donde se encuentren bajo presión de intervenir militarmente.
Lo único positivo es que si sucediera de este modo, el poder de los sunitas en Líbano se vería reforzado y podría dar al traste con la influencia que Hezbolá tiene en el país de los antaño olorosos cedros. Esto reforzará la campaña regional contra Irán. El apoyo que Turquía, Arabia Saudita y Qatar dan a los sunitas en el Levante y el ascenso de los islamistas en los países árabes que podría constituir un baluarte formidable contra los persas y sus aliados chiitas árabes, lo cual podría estar acompañado de episodios de considerable violencia.
Será interesante observar cómo los acontecimientos en Siria afectan al régimen chiita iraquí de cierto modo respaldado por sus correligionarios chiitas persas, lo cual no es nada simpático a sus vecinos sunitas por el peligro que podría representar para la región una alianza entre iraquíes e iraníes.
Una vez terminada la contienda en Siria todos estos militantes islamistas salafistas yihadistas sunitas, y yihadistas transnacionales podrían enfilar hacia Irak, evitando esto quizás que causaran problemas en sus países de origen a la vez que podrían poner a Irán a la defensiva al originar una campaña de sunitas marginados por los chiitas en Irak. Esto podría convertir a Irak en la arena donde se dilucidará la eterna batalla entre los sunitas árabes y los chiitas persas.
De cualquier modo, las probabilidades de que esto ocurra dependen mucho de la victoria de los sunitas en Siria, lo que hasta ahora es sólo una posibilidad dado que los alawitas de Al Assad están aferrados al poder. Ya veremos.




























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