La felicidad no depende del dinero sino de la esperanza y de ofrecerse a los demás, entre otros factores, podría ser la conclusión de un reciente estudio realizado en más de veinte países, en el cual se demostró que el dinero no hace la felicidad y que la crisis actual solo estaba afectando negativamente a españoles e italianos. El psicólogo Carmelo Vázquez ha profundizado en esta encuesta y viene a confirmar que no es más feliz el que más tiene ya que conseguir este estado de ánimo depende en un 40 por ciento de uno mismo, mientras que el dinero, y otros bienes materiales, no aportan más del 10 por ciento. Lo que resta, señala, es producto mayoritariamente de los genes, el sistema nervioso e, incluso, la educación. En cualquier caso no hay que perder la esperanza, ya que aunque es innata, la felicidad se puede aprender, “aunque con limitaciones ya que hay un límite probablemente fijado por los genes”.
Disfrutar un café, oler las flores, mirar la luna, la sonrisa de un niño, contribuyen a sentirse uno más feliz, por eso, recordaba Vázquez, “a pesar de las dificultades que haya, no se puede eliminar el capital de emociones positivas que nos acompañan día a día”. “Esto no es nada trivial, es un mecanismo de resistencia enormemente poderoso frente a la adversidad”. La gente más feliz es aquella que, en situaciones de adversidad, es capaz de sufrir, pero también de ser feliz, de combinar emociones positivas y negativas; mientras, por el contrario, la gente más infeliz es aquella que tiene dificultades para tener emociones positivas.
Jesús Domingo
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