Iván Rodríguez tiene la imagen insertada en su memoria. El recuerdo de todo lo que sentía en aquel momento, la adrenalina recorriendo su cuerpo y ni un pensamiento en la cabeza, sólo instinto.
J.T. Snow a la carrera se le abalanzó y aquel tren gigante se descarriló, mientras “Pudge” alzaba –triunfante- la pelota en la mano y con ella el triunfo que les daba, a los Marlins de Florida, el pase a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del 2003.
“Una jugada muy buena. Fue muy bonita en mi carrera. Diría que una de las más importantes en mi vida. Tuve buenos momentos, y ese fue uno de los mejores”, evocó Rodríguez.
Aquella acción, que sería una de las tantas que le permitiría a los peces ganar la Serie Mundial, será reconstruida este sábado en el Marlins Park como un homenaje a Rodríguez, quien anunció su retiro en esta campaña, después de que no se hubiese producido ninguna oferta para seguir jugando en las Grandes Ligas.
“Yo me retiré, pero siempre pensé que me quedaba mucho béisbol por delante. Pero uno tiene que hacer otras cosas en la vida. El béisbol va a estar conmigo por el resto de la vida”, consideró.
El sábado, ciertamente, estará de nuevo en un terreno de pelota.
Le tocará reencontrarse con viejos conocidos como el propietario del club, Jeffrey Loria, así como su socio en aquella jugada, Jeff Conine.
Rodríguez jugó una sola de sus 21 campañas con los peces, en el 2003, pero aquella campaña tiene el aura especial de haber sido la única en la que alzó el trofeo de campeón de la Serie Mundial.
“Una de las cosas que más atesoro, algo que no tiene precio, es la victoria de unión como equipo. Creo que los triunfos en el béisbol no son individuales, sino de los equipos. Cuando se gana la Serie Mundial es porque todo el equipo hizo su trabajo. Esa temporada empezamos muy mal, pero siempre nos mantuvimos unidos”, sostuvo. “A pesar de todos esos encontronazos nunca nos dimos por vencidos”.
Y para Rodríguez, la unión y el nunca ceder, son las dos premisas que deben primar en el béisbol, los dogmas donde descansa su filosofía para ver el juego, una forma de pensar que le pasó a su hijo Derek –tomado en el draft del 2011 por los Mellizos de Minnesota- y que espera algún día comunicar como coach o mánager de Grandes Ligas.
“Si me gustaría dirigir o ser coach. Sería algo bonito. Los catchers tienen buen instinto para el juego. El tiempo dirá”, acotó.
Su primera aproximación en ese sentido pudiera ser en el próximo Clásico Mundial del 2013.
“No me han dicho nada, pero sería algo bonito si me toman en cuenta. Si se me acercan lo consideraría porque haría cualquier cosa por mi isla Puerto Rico”, sentenció.




























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