Estos son mis principios, si no te gustan tengo otros
Groucho Marx
Amigos y enemigos sobrestiman lo que sea el Foro de Sao Paulo. ¡Inesperada coincidencia! Estos ven su mano diabólica moviendo piezas en el asalto final. Aquellos se reencuentran, luego de una fallida historia, en la vieja familia que alimentó durante más de un siglo el sueño de la revolución mundial conducida por La Internacional. Daré seis claves para intentar comprender la naturaleza, contradicciones y posibilidades de este Foro que ha llenado tres de nuestros días, asustando a unos y colmando de esperanzas a otros. Infructuosamente, déjenme decir.
Primera. La caída del socialismo real en medio de los escombros del derruido Muro dejó en el desamparo a la familia de los comunistas. Muchos fueron a pescar en otras aguas, otros se aferraron a estructuras que nacieron para detener la embravecida ola del mercado, el liberalismo y “el fin de las ideologías”. En ese punto y para eso, el partido de los trabajadores de Lula da Silva llamó a los náufragos latinoamericanos a reencontrarse en el Foro de Sao Paulo, pero ya no como ideología que ilumine el camino de la revolución sino como escudo para evitar la victoria del maldiciente “neoliberalismo”. Desde su nacimiento, el Foro sacrificó densidad y eficacia analítica a heterogeneidad y amplitud. Más grasa, menos contenido. Se comprenderá por qué sin esa básica premisa no esté en condiciones de repetir la anhelada Internacional de Lenin y ni siquiera la Tricontinental y Olas, de Fidel Castro.
Segunda. Nació pues para emitir declaraciones y apoyar gobiernos, no para dirigir procesos, ni mucho menos para tomar el poder. La histórica sucesión de victorias electorales calificadas ligeramente de izquierda debilitó al Foro en nuestra Región, en lugar de fortalecerlo. Siguiendo los modelos de Ricardo Lagos y Lula da Silva, la mayoría de los flamantes gobiernos hicieron del mercado el eje de sus políticas. Pudieron crecer con baja inflación y exitosos programas sociales y de hecho se distanciaron de las ruidosas proclamas del Foro y de la Alba, su incoherente expresión. Brasilio Sullman, sociólogo paulista de izquierda, en un ensayo publicado en Nueva Sociedad resumió los tres rasgos definitorios de Lula: liberalismo, populismo y desarrollismo.
Tercera. El distanciamiento no fue objeto de proclamas. En los partidos de estos líderes crepitaban sectores radicales minoritarios pero activos que conservan espacios de expresión, ternuras y amistades, admiración por Fidel, el Che y Chávez. En el Foro podían manifestarse, incluso desahogarse, sin perjudicar la dinámica de los modelos de mercado en Brasil, Uruguay, Chile, El Salvador, República Dominicana, Perú y otros. Esa doble contabilidad es quizá el aporte más ingenioso de Lula, un astuto componedor de contradicciones desde sus orígenes como dirigente metalúrgico. Incidió igualmente la sutileza táctica de Lagos, Bachelet, Pepe Mujica, Funes y ahora Ollanta Humala. No condenaron el Foro, mantuvieron relaciones cordiales y más bien utilitarias con Fidel y Chávez. Pero ni por asomo abandonaron las políticas de los gobiernos precedentes, visibles en el destacado lugar que confirieron a la inversión privada, en su idea de la integración, en las cordiales relaciones con EEUU y la Unión Europea y en el bien ruidoso asunto de la globalización, frente a la cual Bachelet emitió un dictum inapelable: “La cuestión no es entrar sino saber como hacerlo”.

























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