Mañana Josh Pita enfrentará una práctica de futbol. El niño de 8 años ama tanto el deporte que, cuando en noviembre del 2010 supo que tenía cáncer, su segunda pregunta fue ¿voy a poder jugar fútbol?, cuenta su madre Laura Pita.
La primera fue ¿Me voy a morir?. La respuesta fue, no.
Después del diagnóstico, Josh estuvo un mes en quimioterapia intensa y luego entró en etapa de remisión del cáncer que padecía, leucemia linfoblástica aguda (conocida también como LLA), en que la médula ósea sobre produce glóbulos blancos malignos.
El es un ejemplo de cómo los nuevos tratamientos, más investigación y mayor colaboración entre los médicos, ha aumentado dramáticamente la tasa de sobrevivencia en niños diagnosticados con cáncer. En los años 70, menos de la mitad de los niños con cáncer vivirían cinco años más. Ahora, según la Sociedad Americana de Cáncer, cerca del 80 por ciento ellos sobreviven cinco años o más, dependiendo del tipo de cáncer.
No es un trabajo fácil, pero no es un misterio, dice el Dr. Brian Cauff, director médico asociado de hematología pediátrica en el Hospital para Niños Joe DiMaggio en Hollywood.
Lo hacemos utilizando cooperación entre médicos, reclutando niños para estudios clínicos y aprendiendo más sobre cómo tratar el cáncer, añade Cauff, médico que trata a Josh.
A través de grupos colaborativos, como el Grupo Oncológico Infantil que cuenta con más de 200 miembros, los médicos han comenzado a compartir información y a dar seguimiento a la efectividad de nuevos tratamientos. De acuerdo a la Sociedad Americana del Cáncer, el cáncer infantil es raro, y representa menos del 1 por ciento de todos los tipos de cáncer diagnosticados cada año.
Lo raro de estos casos hace más difícil para los médicos llevar a cabo estudios indepebdientes, especialmente estudios para las categorías aún más reducidas de cáncer difícil de combatir, explica el Dr. John Goldberg. Él dirige la fase inicial del programa de pruebas clínicas de oncología pediátrica del Centro Comprensivo de Cáncer Sylvester de la Universidad de Miami y del Hospital de Niños Holtz en la Universidad de Miami en Jackson. Es el único programa en el sur de la Florida que recluta niños con cáncer que están en la etapa más temprana para los nuevos tratamientos. Hay otros hospitales que participan en tratamientos experimentales en las fases posteriores.
Para un médico como yo, aquí en el sur de Florida, estudiar a todos los niños con LLA y decidir qué hacer, sería muy difícil. Tendrá que darle seguimiento a 100 pacientes en un año y ver qué funciona, explica Goldberg. Pero si me uno con todos los oncólogos pediátricos del país y aceptamos hacer un estudio clínico como grupo, tenemos más poder estadístico para decir si nuestro tratamiento está haciendo una diferencia.
La leucemia es uno de los tipos más comunes de cáncer entre los niños. Y la leucemia linfoblástica aguda (LLA), el tipo de leucemia que tiene Josh, es el más común de ellos. Cerca de 2,500 niños son diagnosticados anualmente con el mismo, dice Goldberg. A través de grupos como el Grupo Oncológico Infantil, los médicos han podido apuntar el mejor tratamiento.






























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